Aficionados españoles en Durban.
Mi camino por Sudáfrica me lleva directo a Potchefstroom. Lugar donde está concentrada la selección española de fútbol durante el mundial. Los últimos kilómetros los realizo con un chileno que conocí en Ciudad del Cabo y dos argentinos. Me dirijo a Nelspruit, al este del país entre el Parque Nacional Kruger, Mozambique y Suacilandia donde está concentrada la selección de Chile.
Aprovecho la oportunidad de visitar el Parque Nacional Kruger un par de días. 65 kilómetros de ancho por 350 kilómetros de largo, repleto de animales y naturaleza en la frontera con Mozambique. Por fin veo al último de los cinco grandes que me faltaba, el gran rinoceronte blanco. En Nelspruit dejo al chileno y durante mi estancia la paso con cientos de aficionados que abarrotan las calles, lugar de entrenamiento y bares de toda la ciudad.
De aquí me dirijo a Pretoria, la capital del país y lugar de concentración de la selección argentina. Miles de hinchas hasta en la sopa, cantando, con banderas, carteles, (y vuvuzelas claro), por toda la ciudad… fiesta hasta altas horas de la madrugada. El ambiente se va calentando mientras me dirijo a Potch, voy animándome y esperando a los aficionados españoles. Cuando llego a la ciudad, en poco más de una hora me doy cuenta que no hay ningún aficionado español, ¿me he equivocado de lugar?
Al día siguiente cuando estoy en el hostal alojado y antes de ir a ver el primer entrenamiento de la selección española, aparece el primer español aficionado; nos vamos al entrenamiento y, para sorpresa nuestra, las gradas están repletas de gente pero hay escasamente 10 españoles, los cuales viven en Johanesburgo y se han acercado a pasar el día con sus familias.
Día tras día sigo esperando a la afición española y, mientras tanto, me relaciono con los únicos españoles, los periodistas acreditados de todos los medios de comunicación.
Entre Nacho, el otro aficionado y yo, llegamos a la conclusión que llegarán para el primer partido que se jugará en Durban, unos 700 km. al sur de Poth. Salimos por la mañana al amanecer y llegamos al atardecer a Durban. Un paseo por el Fan Fest FIFA, lugar donde están las pantallas gigantes, escenarios para conciertos, bares y chiringuitos de comida. Está en la playa en medio del paseo marítimo rodeado de restaurantes y tiendas, la parte más turística de la ciudad. No hacemos nada más que cruzarnos suizos, alemanes, argentinos, mexicanos y muchas más nacionalidades. Es el día anterior al primer partido de la roja, y no vemos españoles.
El día del partido hay un gran ambiente en toda la ciudad y en especial en el paseo que va desde el Fan Fest al estadio.
Por fin veo a los primeros aficionados españoles: extremeños, valencianos, madrileños pero casi que los podría contar con los dedos de mis manos. La gran mayoría de aficionados son locales de raza hindú. Van completamente ataviados con prendas rojas y animando a nuestra selección. Bufandas, camisetas, banderas, gorros y cualquier cosa imaginable de color rojo. Somos la minoría, estamos rodeados por miles de suizos que lo único que nos dicen es que no les metamos muchos goles.
Caminamos juntos al estadio, una gran marea de gente en la misma dirección. Gran ilusión, risas, buen ambiente y cerveza en mano.
En el estadio las aficiones no paran de animar y el partido comienza. Qué voy a contar del partido que no se haya dicho, que ningún español se creía lo que sucedía, que la mayor ovación se la llevó Fernando Torres cuando salió o que los aficionados locales hindúes cuando nos veían comentaban que cómo era posible. Ahora vuelta a Poth para seguir animando y a Johanesburgo para el próximo partido. Una doble decepción, el partido y la afición.
OPINIÓN - EL HOMBRE QUE SUSURRABA A SU VESPA
Nacho Medina, el de la Vespa, como es conocido por todos en España y aquí en Potch. Somos los únicos aficionados españoles que han venido. Valenciano de 35 años y más colgado que yo si cabe. Al no encontrar patrocinadores para su viaje de tres meses y 15.000 kilómetros, lo tuvo que recortar a 9.000 kilómetros y 70 días. Cuando contaba su viaje nadie le creía, y el primero, el de Vespa, que ni le quiso escuchar y solamente entre sus amigos y conocidos consiguió unos 450 euros.
Embarcó su Vespa 200 del 2003 rumbo a Alejandría y desde Egipto, el 1 de abril partió dirección a Sudáfrica pasando por 9 países, Sudán, Etiopía, Kenia, Tanzania, Malawi, Zambia, Botsuana y Sudáfrica. Ha tenido infinidad de anécdotas y peripecias pero con su Vespa no ha tenido ningún problema, solamente un pinchazo. Su equipaje se resume en unos vaqueros, un par de camisetas, un polar bordado con los logos de sus patrocinadores, cazadora, zapatillas, dos calzoncillos y otros dos calcetines. Llevó 6 ruedas de repuesto y 10 litros de aceite en un cajón portaequipaje que le pidió a correos.
Durante los 72 días que ha durado su viaje Nacho repetía todas las mañanas el mismo ritual. Se acercaba al manillar de la Vespa, la besaba y le susurraba «vamos bonita».
Aunque suene inverosímil finalmente llegó a Sudáfrica. Debajo de su aspecto más parecido a un náufrago y con cinco kg menos, se esconde el profesor de educación física que salió de Alejandría dejando a sus alumnos sorprendidos de la aventura. Ahora, unos días después de su llegada se ha convertido en mi copiloto, cansado de ir en Vespa, para seguir a la selección por todo el país.
El próximo mundial será en Brasil, pero antes Nacho se volverá a montar en su Vespa para recorrer las carreteras que le conducirán a la Eurocopa de Polonia y Ucrania.