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Solicitan cinco años de cárcel para dos hermanos por estafa

Josechu Guillamón
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Uno de los acusados reconoció que compró 68.000 euros de producto y no pagó, pero negó que existiera intención de engañar

Imagen de un instante del juicio. - Foto: José Miguel Esparcia

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial juzgó ayer a dos hermanos para los que la acusación particular pide cinco años de cárcel por estafar a un distribuidor de fruta de Tobarra, hechos que ambos negaron. 

En concreto, el primero de los acusados en declarar, J.M.G., manifestó que trabajó para la empresa familiar de su padre, junto a sus hermanos, pero dijo que en el momento de los hechos, en 2012, ya estaba desvinculada de la misma y que, simplemente, le pidió a su hermano que si le podía hacer unas facturas a nombre de su propia empresa, para justificar gastos y pagar menos a Hacienda, algo por lo que finalmente sufrió una inspección y fue sancionado. «Yo no me concerté con mi hermano para comprar fruta y no pagar su importe. Sólo pedí las facturas a mi hermano para desgravarme el IVA. Yo ni compré la fruta, ni la recibí».

Otro Hermano. A continuación declaró el otro acusado, M.A.G., que señaló que como le debía dinero al otro procesado, optó por pagarle a su hermano con facturas para que se las desgravara. «Fue una mala idea».

 Sin embargo, dijo que en ningún momento tuvo intención de estafar al denunciante y que la prueba es que le pagó con regularidad durante 20 años y tras emitir los cheques impagados siguió comprando fruta pagando en efectivo, hasta que pudo hacerlo, puesto que fruto de la crisis, le acabaron quitando la casa y los bajos que tenía y se quedó sin nada. «Es mentira que yo tratara de engañar». «Yo en todo momento he querido pagar». De hecho explicó que incluso ofreció un vehículo al denunciante para saldar parte de la deuda.

En cuanto al otro acusado dijo que no tenía nada que ver con su empresa y que fue él y no su hermano el que compró la fruta y la comercializó. Algo que corroboró el propio denunciante, que también confirmó que cuando se quejó a M.A.G. de que no le había pagado los pagarés, llegó a un acuerdo con él para seguir vendiéndole fruta, pero pagándola ya en efectivo, mientras le devolvía la deuda poco a poco.  Sin embargo, cuando vio que cada vez le compraba menos y que acudía a otros distribuidores se sintió estafado.

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