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Molina deja el escalafón novilleril por la puerta grande

Pedro J. García
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El albacetense, que el jueves toma la alternativa, cortó tres orejas en una tarde en la que Hernández paseó dos y le acompañó en la salida a hombros, junto al mayoral

Templado natural de José Fernando Molina. - Foto: R.S.

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5ª de abono

José Fernando Molina está completando su mejor temporada como novillero, no tanto en cuantía, sino más en triunfos importantes, como los logrados este año en Madrid. El premio, en su tierra, la despedida como novillero y la alternativa en el mismo abono, algo que el albacetense empezó a rentabilizar en la primera oportunidad que tuvo ayer.

Era terna de triunfadores en el coso venteño la que hizo el paseíllo y fue Molina el que se llevó el gato al agua, con dos faenas muy serias, de hacerle romper a sus enemigos con su muleta templada, de calidad y mandona, lo que le valió para cortar tres orejas y salir en hombros. Le acompañó Víctor Hernández, quien paseó una oreja de cada uno de sus enemigos, la segunda, la que le abría la puerta grande, de menos peso, tan justita como la petición que hubo en el tendido. También salió en hombros el mayoral, sumado a la oferta del tres por dos. Todo bajo la atenta mirada del toledano Álvaro Alarcón, que no tuvo ni el mejor lote ni su tarde, sobre todo en el sainete que dio con el primero de su lote. Así se llegó al ecuador y, a partir de ahora llegan el desembarco de figuras y, crucemos los dedos, la lluvia.

listo para el cambio. José Fernando Molina estás más que preparado para convertirse en matador de toros y el albacetense salió dispuesto a despedirse a lo grande del escalafón novilleril en la Feria de su tierra. Comenzó a cimentarlo con su primer enemigo, un astado al que recibió con lances a la verónica, ganando pasos y rematando casi en los medios con media y la revolera. Blando el novillo y en el caballo fue clave lo bien que midió Daniel López el puyazo. Inició Molina su faena de muleta por bajo, con mucho temple y gusto, en una serie rematada con el de pecho. Se sucedieron varias series más con la derecha, con temple, mando y mano baja, rematadas con el de pecho, siempre al hombro contrario, y dando el tiempo y espacio que merecía el novillo. Al natural, subió el tono en una primera serie de mucho calado, pero la pena fue que a la siguiente al novillo le costó más repetir. No fue problema para mantener el nivel, porque Molina le enjaretó varios circulares iniciados por la espalda, sin enmendarse. Dejó media estocada que fue suficiente para acabar con el novillo, aplaudido en el arrastre, mientras que él sumó su primera oreja.

Con media puerta grande abierta, Molina no podía dejar escapar la ocasión en su despedida como novillero, ante su público, y lo hizo con creces, con dos orejas más en el esportón y triunfador de la tarde. No lo puso de cara el novillo en los primeros tercios, en los que manseó, ni en el inicio de faena de muleta, que brindó a su cuadrilla, con un molesto calamocheo, pero el temple y el mando del albacetense hicieron que la faena tomase vuelo desde las primeras series con la mano derecha. Tomó más altura en el toreo al natural, con series templadas, hondas y de mano baja, rematadas con el de pecho en el hombro contrario. Remató con unas ajustadas manoletinas y una estocada trasera que fue suficiente para acabar con el astado, aplaudido en el arrastre, y cobrar él dos orejas, ofrecidas, mirando al cielo, a su madre.

Víctor Hernández apuntó de salida con los lances de recibo a la verónica a un novillo que repitió y metió la cara en el capote y en el vistoso quite tras un puyazo en el que el novillo empujó. Fue un espejismo, porque la faena de muleta fue muy lineal y no terminó de tomar altura. Las primeras series por el pitón derecho, a media altura, sin ajustarse y con algún enganchón, dieron paso a varias al natural, tampoco limpias y sin bajar la mano a un novillo que se fue apagando según transcurría la faena, rematada con unas bernadinas. Dejó una estocada delantera y caída que fue suficiente para acabar con el astado.

Otra condición tuvo su segundo enemigo, sin fijeza ni emplearse en el capote, con un puyacito en el caballo y doliéndose en banderillas. En la muleta fue noble, con poco fondo, y se sucedieron las series de Hernández por ambos pitones, con técnica y oficio, pero con más sosería que la que mostró el astado, que se rajó al final y, junto a tablas, Hernández remató una faena con poco calado. Dejó una estocada que precisó de un descabello para finiquitar al novillo. La petición de orejas, muy justita de pañuelos, siendo uno generoso, fue atendida y el madrileño paseó la oreja que le abrió la puerta grande.

La primera faena de Alarcón fue tan larga (escuchó un aviso antes de montar la espada) como con poco fondo a un novillo, noble y que se quedaba corto. Una labor del toledano con muchos altibajos, con series por ambos pitones en las que se alternaban unas más limpias y con más mando con otras poco trenzadas y con más de un enganchón, incluido el desarme en los pasajes finales. Remató con unas luquecinas poco lucidas y dejó una estocada abajo de efecto fulminante. Fue ovacionado.

No pudo sacarse la espina con el que cerraba plaza, un novillo soso y sin clase, al que toreo a media altura en series poco lucidas y con menos fondo, con varios enganchones. Tampoco estuvo certero con los aceros.

FICHA:

Ganadería. Se lidiaron novillos de Montealto, bien presentados, descastados, nobles y manejables en general, el mejor, el lidiado en quinto lugar. Varios aplaudidos en el arrastre.

Víctor Hernández. Lila y oro. Una oreja y una oreja.

José Fernando Molina. Verdegay y oro. Una oreja y dos orejas.

Álvaro Alarcón. Blanco y plata. Ovación tras aviso y silencio tras aviso

Incidencias. La plaza de toros registró un tercio de entrada en tarde calurosa y nublada, con una leve lluvia al inicio del festejo.

La novillada fue retransmitida por CMM.