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Editorial

La lucha contra los incendios del cambio climático requiere otro abordaje

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La histórica ola de calor precoz que ha golpeado durante varios días España ha traído consigo también una ola de devastadores fuegos forestales, en Navarra, Aragón, Extremadura, Cataluña y Castilla y León, entre ellos el de la Sierra de la Culebra, en el corazón natural de la provincia de Zamora, el incendio más grave en la historia de esa comunidad y el de España en los últimos diez años. Estabilizado después de cinco días y tras calcinar más de 25.000 hectáreas, las brigadas forestales que han intervenido lo han calificado como un «auténtico monstruo» que escapa a su capacidad para controlarlo. 

 No puede haber muchas dudas sobre que estos fenómenos responden a un nuevo contexto climático ante el que hay que aprender a combatir a marchas forzadas y con urgencia. Las consecuencias del calentamiento global -aumento de las temperaturas, de la frecuencia de las olas de calor, descenso de las precipitaciones-, sumado al abandono del mundo rural y de los aprovechamientos que tradicionalmente se hacían del monte ha dado lugar a bosques que no están preparados para unos incendios más intensos, virulentos y difíciles de extinguir. El cambio climático no prende el bosque, aunque explica que el monte esté en constante estrés hídrico y muy inflamable. El agravante suele ser la acumulación de maleza seca a causa del descuido de campos y bosques, combustible para el fuego. Y a eso se suma la gestión actual de la lucha contra el fuego, que sigue enfocada en la extinción, en lugar de en la prevención. Hay que dar una vuelta de tuerca más, y eso pasa por ayudar a los bosques a cambiar. Tenemos montes estresados y debilitados, que se formaron con un clima bastante distinto al actual, por lo que son más propensos a quemarse.  

Por supuesto, hay que requerir a los responsables políticos más inversión en profesionales y material, además de la máxima coordinación entre administraciones para tratar de atajar cuanto antes los efectos devastadores del fuego, y planes de recuperación medioambiental y económicos de las zonas afectadas que ayuden a todos quienes hayan sufrido sus consecuencias. Pero también es preciso exigir valentía para dar la vuelta de forma radical a la forma actual de afrontar los incendios. Básicamente, porque como estamos viendo, las condiciones climáticas no nos lo van a poner nada fácil. Ante este nuevo escenario, ingenieros, bomberos forestales y otros expertos señalan cuál debe ser el camino. El abordaje de esta nueva realidad no pasa por aumentar los recursos destinados a la extinción, porque estos fuegos conocidos como de sexta generación no se apagarán con más hidroaviones. La solución pasa por gestionar el paisaje, para que sea más resiliente y menos inflamable.