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Fernando Fuentes

Fernando Fuentes


A salvo de la Reina

13/09/2022

Que alguien me lo explique. Resulta que estamos permanentemente afeando a la monarquía -acudiendo a lo extemporáneo, innecesario y rancio de su propuesta- y resulta que muere la Reina de Inglaterra y en medio planeta no se habla de otra cosa. Y así desde hace tres días. Desde que saltó la noticia de que la monarca había doblado la servilleta -y no precisamente para limpiarse la mermelada de la comisura de los labios, tras devorar su emparedado vespertino, acompañada del oso Paddington- en la prensa española apenas se habla de otra cosa. Es como si la muerte de Isabel II hubiera acabado, informativamente hablando, con la guerra de Ucrania, lo desbocado de la inflación desbocada y la crisis energética al galope. De sopetón algo tan vituperado, y dejado de lado, como es la Corona, ha pasado a estar de plena actualidad. Pero no desde una visión crítica de la misma, sino desde la más frívola y superflua posible. Parece que no toca tratar ahora -sesudamente, con sustancia y en profundidad- si la monarquía es algo anacrónico y, por ello, imposible de soportar en pleno siglo XXI. Es momento de llorar a una reina. Y de darle la oportuna salve a un nuevo rey. Y de paso cotillear sobre los trapitos y peinados que sus hijos, nietos, nueras y demás llevaban durante el funeral de Estado que, naturalmente, fue retransmitido en directo por todo el universo. Todo ello me lleva a darme cuenta de que seguramente necesitamos a gente con coronas de oro sobre la testa más de lo que pensamos. Llevamos tantos siglos aguantándolos que se han convertido en algo extraña y masivamente entrañable. Seguramente cuando pensamos en el Rey Bribón también lo hacemos en lo que nuestros padres -y abuelos- lo admiraban y en esa rara empatía que por ello sentimos por él. Lo más difícil es conseguir que alguien crea que algo -con lo que nada tiene que ver- es fundamental en su vida. Y esa debe ser la única razón por la que las casas reales europeas siguen aún en pie, aunque en un estado terminal que, más pronto que tarde, acabará con ellas. Mientras lamentamos el fallecimiento de la Reina Madre y nos convertimos en espectadores de excepción del gran espectáculo de su despedida y entierro, escucho a los Sex Pistols a modo de mi particular adiós. Ellos sí que se han quedado huérfanos. ¿Fue la Reina la que salvó a Dios?