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Tapachula, la ciudad cárcel

Agencias
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Miles de migrantes permanecen varados en la urbe, limítrofe con Guatemala, convertida en primera parada para transitar libremente por la nación azteca en su intento por alcanzar EEUU

La mayor parte de los irregulares que conviven en Tapachula son de origen sudamericano. - Foto: Reuters

Definida por muchos migrantes y activistas como una «cárcel», el municipio mexicano de Tapachula, fronterizo con Guatemala, lleva años con miles de extranjeros varados mientras esperan regularizar su situación en el país o encontrar alguna vía clandestina para llegar a la frontera norte.

El nicaragüense Ricardo Escobar llegó a Tapachula, en el suroriental estado de Chiapas, hace varias semanas y forma parte de los cientos de extranjeros, adultos y niños, que hoy continúan varados en esta urbe y a los que exigen documentos regulatorios para transitar libremente por el país.

Durante varios días, este migrante centroamericano estuvo internado en la estación migratoria Siglo XXI, una institución gubernamental que ha estado en el centro de la polémica desde el comienzo de las caravanas a finales de 2018, pues el recinto es señalado por hacinamiento, condiciones precarias y contagios de COVID-19.

«Cuando entramos en la Siglo XXI nos encontramos en una situación de tortura social, económica, física y psicológica», denuncia el joven, que viajó de Guatemala a México en una camioneta de transporte público y fue detenido por agentes de migración.

Según explica el abogado José Luis Pérez Jiménez, Tapachula se ha convertido en una «auténtica megaprisión preventiva oficiosa» que ha llegado a albergar a miles de sin papeles varados ante la lentitud en los trámites del Instituto Nacional de Migración (INM) y de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar).

Ambas instituciones han incrementado desde hace meses sus funcionarios en la región para dar salida a los trámites, pero pese a esos esfuerzos la burocracia acostumbra a alargarse meses.

A raíz de la ola migratoria que azota la región desde hace años, el Gobierno mexicano ha desplegado miles de efectivos en sus fronteras.

Estos operativos han llegado a ser muy criticados por activistas y organismos internacionales como la ONU. Por ejemplo, a raíz del uso de la fuerza para frenar varias caravanas irregulares que pretendían salir de Tapachula en el último trimestre del pasado año.

«El tema migratorio es estructural, no se soluciona con mandar al Ejército o la Policía para que los contengan. Y en el caso de Tapachula, la ciudad se ha convertido en un gran embudo del continente americano», apunta el abogado.

Malvivir por un sueño

Se estima que miles de hondureños permanecen varados en Tapachula y siguen en busca de documentos con la esperanza de llegar al norte, hasta Estados Unidos, para cumplir con el sueño americano.

Pero las condiciones de vida en Tapachula rozan para muchos de ellos lo inhumano.

«Llevo durmiendo un mes en el parque. Hemos improvisado algunas casas de campaña, otros se mantienen acostados en las aceras, jardineras. Mi hijo está triste y requiere mayor atención, solo pedimos ayuda para el trámite de la visa», asegura una mujer, de unos 40 años, que vive con otros centroamericanos en un parque convertido ahora en un campamento a la intemperie.

Irineo Mujica, director de Pueblos Unidos Migrantes (PUM), expone que mantener a los migrantes en Tapachula ha convertido la ciudad en una «cárcel con carceleros que persiguen a las personas».

«Andan cazando y hostigando a las personas, lo que ha llevado a las personas migrantes a coserse la boca y a hacer ayunos», subraya el activista, recordando alguno de los actos de protesta más mediáticos de las últimas semanas.

Calma muy tensa

Hasta la fecha, en este 2022 menos de una decena de caravanas han partido desde la ciudad mexicana, pero todas ellas han sido disueltas tras avanzar muy pocos kilómetros. Estos conatos se suman a los varios grupos cuyos planes fueron frustrados en 2021 y al trágico accidente con 56 migrantes muertos de un camión en el que viajaban hacinados por una carretera de Chiapas.

Todo ello, y la incapacidad de seguir avanzando, ha convertido más si cabe a Tapachula en una olla a presión.

En las últimas semanas se han sucedido una serie de protestas de migrantes de varias nacionalidades que han exigido a las autoridades migratorias celeridad en los trámites al grito de: «Queremos visas». Pero aún les tocará esperar...