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Antonio Herraiz

DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Gestos y palabras

22/04/2022

La conversación está sobrevalorada. A pesar de todo lo que han hablado con Putin, solo hay que mirar de pasada a Ucrania para comprobar cómo tiene el país dos meses después de empezar el ataque. Uno de los que más ha negociado con el presidente ruso ha sido Macron, en un intento sincero de parar la guerra, aunque también con cierta trampa. Lo que pretendía Macron era ganar una gran baza en la víspera de las elecciones para seguir ocupando el palacio del Elíseo. No consiguió despojar a Putin de sus intenciones imperialistas y ahora trata de echarle el muerto o los muertos a Le Pen: «Usted depende del poder ruso y del señor Putin», le espetó a la líder de la ultraderecha francesa en el debate del miércoles sin alterarse demasiado. Macron ahora quiere que le hablen los votantes del partido de Jean-Luc Mélenchon. Son más de siete millones y medio de votos y en una encuesta le han dicho que no cuente con ellos. El sondeo no es representativo ni amplio, pero dos de cada tres -un 67% de los que apoyaron a la izquierda radical hace dos domingos- le han contestado a Macron que votarán en blanco o se quedarán en casa en la segunda vuelta. Con todo, sigue siendo favorito.
Los gestos, como conversar y negociar, también suelen tener una sobredimensión muy por encima de la realidad. Otra cosa es que sean necesarios. El viaje de Sánchez a Ucrania no ha hecho temblar a Putin. Puede que ni se haya enterado de que el presidente de España ha estado este jueves en Kiev y en Borodyanka. Pero era una visita oportuna que se enmarca dentro de la estrategia de la Unión para mantener un apoyo gestual permanente a Volodimir Zelenski, al que de poco sirven las performances. En el ámbito de las sanciones, el presidente ucraniano exige una cuestión muy clara: que se deje de comprar gas y petróleo a Rusia para no seguir financiando la invasión. Es una petición que choca con los intereses de países como Alemania y, mientras deciden si dan o no ese paso que sería crucial, hay que dar sensación de mayor firmeza.
Las guerras no solo se libran en el frente. La batalla de la información -o de la desinformación- forma parte del conjunto y ahí los anuncios cobran una especial relevancia. Consciente de que una visita vacía de contenido le restaba importancia al viaje, Pedro Sánchez desveló algo que estaba reservado con mucha antelación para este momento. El buque Ysabel navega de camino hacia un puerto de Polonia donde desembarcará todo tipo de material armamentístico, entre el que se encuentran 200 toneladas de munición, 30 camiones y 10 vehículos ligeros. Esto no colma las expectativas de Ucrania, que sigue pidiendo más contundencia contra Rusia, que impongan una zona de exclusión aérea en Ucrania para frenar los bombardeos rusos y el envío de tropas y aviones de combate a su país, peticiones que ha venido descartando la OTAN de forma reiterada. La aportación de España no satisface lo necesario, pero todo suma.
En el capítulo de gestos, escucharemos a la parte de Podemos que todavía controla Pablo Iglesias -aquí no está incluido el espacio de Yolanda Díaz, que diría Sánchez- decir que están en contra de ese envío. Esas palabras no tendrán ningún valor mientras sigan en el Gobierno pisando moqueta; serán una prueba más de las contradicciones permanentes que han llevado a enterrar los principios fundacionales de su partido solo por permanecer en La Moncloa. Hay mucho cargo intermedio que no puede prescindir de su sueldo, lo que confirma que todo lo que nos han venido contando desde el principio es, sencillamente, mentira.