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Antonio García

Antonio García


Ver volver

03/01/2022

Decía Azorín -lectura de fin de año, y de siempre- que vivir es ver volver, y ese diagnóstico que él aplicaba a grandes lapsos temporales -un hombre actual tiene las mismas vivencias que uno de hace siglos- nosotros lo hemos constreñido al tiempo presente, hasta el extremo de estar repitiendo circunstancias sin haber salido de ellas; véase la pandemia, con sus secuelas, a la que volvemos cuando no hemos agotado la anterior, sin el mínimo interregno entre ellas para alimentar la nostalgia que nos haga decir que cualquier pandemia pasada fue mejor, como el tiempo manriqueño.
El año finiquitado ha sido pródigo en regresos. Han vuelto las colas, que si en la posguerra tenían una finalidad burocrática o estraperlística, ahora sirven para fichar al súbdito, medroso de perder su turno e integrar el índice de ovejas negras escapadas del rebaño. El Roto declara a Juan Cruz que ahora todos hablamos con silenciador, una forma muy sutil de decir que también ha vuelto la censura, a la que en sofisticado lenguaje actual preferimos llamar cancelación. Con una película de éxito como No mires arriba vuelve el cine catastrófico, seña de identidad de los años setenta, los del búfalo revisitados prodigiosamente por Javier Pérez de Andújar. No digo que vuelven las dos españas, porque nunca se habían ido, pero sí constato su rearme en fundamentos no solo ideológicos sino coexistenciales como la aceptación o no de mascarillas y otras cautelas arancelarias. Las que no vuelven, o lo hacen a destiempo, son las oscuras golondrinas, desorientadas por el cambio climático. Y lo que más lamentamos es que no vuelva Azorín, demasiada apacibilidad para estos tiempos convulsos.