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Editorial

La implicación internacional debe mantenerse en Afganistán

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El Gobierno de España no se plantea reconocer al régimen talibán que ha tomado el poder en Afganistán. Es una de las afirmaciones que hizo ayer en el Congreso el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Durante cerca de cinco horas el ministro compareció en la Cámara Baja en una comisión extraordinaria en la que tuvo que escuchar abundantes reproches de la oposición, más que por la gestión de la crisis afgana, por el triunfalismo con el que se ha pronunciado el Gobierno sobre una crisis que, en contra de lo manifestado por el presidente Pedro Sánchez, ha dejado a mucha gente atrás.

Nadie discute el éxito sobre el terreno de la misión de los militares españoles, a la hora de conseguir una evacuación que se ha ido complicando a medida que pasaban los días, hasta adelantarse la finalización, por el sangriento atentado ocurrido la semana pasada en el aeropuerto de Kabul. Militares al mando del operativo daban ayer testimonio en los medios de comunicación de las dificultades que ha habido que vencer para conseguir la salida de Afganistán de 2.206 personas, en su mayoría afganos que han colaborado con España durante los veinte años de misión militar en el país y sus      familias.

Los efectivos del Ejército español pueden considerar cumplida su misión en Afganistán, que han desempeñado en buena parte de los casos más allá del deber y con una implicación humana incuestionable. Una misión cumplida que, sin embargo, no se puede aplicar al Gobierno por el simple hecho de que el fin de las evacuaciones la ha dejado interrumpida.

José Manuel Albares no descartó, no obstante, lo que denominó como «contactos operativos» con los talibanes para proseguir con las evacuaciones o mantener envíos de ayuda humanitaria.

Las explicaciones del ministro de Exteriores no convencieron prácticamente a ninguno de los grupos políticos de la oposición, especialmente al Partido Popular, que incidió en sus críticas de que el Gobierno de Sánchez ha intentado apuntarse méritos ajenos.

Más allá de las polémicas nacionales, la salida de las últimas tropas -las estadounidenses han comenzado ya su retirada- y el previsible desplazamiento del foco mediático que durante las últimas semanas se ha mantenido sobre el país, suman preocupaciones sobre el escenario inmediato en Afganistán, con los negros antecedentes del mandato talibán.

La implicación internacional, a la que España no puede permanecer ajena, debe mantenerse para evitar que se vuelva a imponer el régimen de terror y represión que ya se ha conocido en Afganistán. A la cuestionable retirada de las tropas internacionales del país no deben añadirse más errores que acabará pagando una población indefensa.