"Nadie debería vivir en un campamento de refugiados"

A.M.
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Teresa Parreño. - Foto: José Miguel Esparcia

Teresa Parreño es la nueva presidenta de la Asociación de Amistad con el pueblo saharaui de Albacete

Llegó a la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui de Albacete como a veces ocurren las cosas: por rebote familiar. Empresaria de profesión, Teresa Parreño Simarro conoció en 2005 a la niña saharaui que pasaría el verano con su hermana. «Mi hermana fue la acogedora, pero al final se implicó toda la familia». Desde entonces, ha sido tesorera de la Asociación y siempre ha estado involucrada en su voluntariado. Este mismo mes, Teresa Parreño ha asumido la presidencia de la Asociación de Amistad con el Pueblo Saharaui, en plena campaña de captación de familias para una nueva edición del programa Vacaciones en Paz.
Cuando conoció a la niña saharaui que acogió su hermana, ¿sabía del problema de estos refugiados?
No tenía ni idea del Pueblo Saharaui. Cuando yo estudiaba, los libros de texto hablaban del Sáhara, pero nunca de su problema a pesar de que España fue muy importante para esta comunidad. No nos enseñaron su realidad... y siguen sin hacerlo.
¿Qué sintió una vez que mantuvo el contacto con esa pequeña y con la causa saharaui?
Sentí mucha rabia e impotencia, veía que era una cría muy inteligente, tenía muchísimas capacidades y cualidades, tanto intelectuales como físicas, era un atleta, pero sabía que daba igual, no tendría ninguna oportunidad. Empecé a informarme por internet para saber de dónde venían los niños del programa Vacaciones en Paz, por qué se encuentran en un campamento de refugiados, hasta qué punto España es responsable de su situación... y pensé que algo había que hacer.
¿Y contactó con la Asociación?
Empecé a venir a las reuniones de los miércoles y me encontré a un grupo de gente con ganas de ayudar al Pueblo Saharaui, a pesar de todas las dificultades que tenemos, que son muchas, y aunque tengamos muchos debates, sobre todo políticos, al final la respuesta siempre es la misma: puedo dejar la asociación, pero ellos seguirán allí. Me ofrecí a colaborar y al poco tiempo cogí la tesorería y en 2006 viajé a los campamentos de Tinduf junto con algunas familias. Fui a la casa de Jadiyetu, la niña que acogió mi hermana, y fue una experiencia única, inolvidable, maravillosa...
¿Por qué?
Me di cuenta de los valores humanos que tiene el Pueblo Saharaui, la importancia de la familia y la solidaridad que existe entre ellos. En aquel viaje, mi hija tenía cuatro años y llevé mucha ropa infantil que también me dieron algunas amigas. Yo se la entregué a la madre de Jadiyetu, pero el tiempo que estuve por allí vi a otros niños con esa ropa, es decir, esa mujer juntó a sus vecinas y repartió la ropa que yo le había llevado, ella no se la quedó a pesar de tener 11 hijos. 
¿Cómo viven en los campamentos?
Ellos viven en casas cuadradas de adobe con tejado de chapa y en haimas. Allí no hay empresas de construcción, las viviendas se las hacen ellos. No tienen mobiliario. El suelo de las casas es de arena y sobre él tienen alfombras sobre las que echan los colchones por la noche. Duermen con una manta por encima.
Agua, energía eléctrica, comida, educación, sanidad...
La educación es obligatoria y, por supuesto, gratuita. Tienen muchos médicos, porque durante años han ido a estudiar a Cuba y la mayoría escogían la carrera de Medicina. Personal tienen mucho, pero no tienen material ni medicamentos, con lo cual poco pueden hacer. A excepción de una wilaya, el resto ya tienen luz eléctrica desde hace poco, aunque es muy mala, sufren muchos cortes. Y agua corriente, nada de nada. Tienen unos bidones que comparten cada tres o cuatro familias que son llenados por camiones cisterna y por eso los saharauis miran cada gota de agua que gastan. 
¿Cómo está el conflicto en estos momentos en los campamentos? ¿Cómo lo perciben los jóvenes, hombres y mujeres que han nacido en el exilio?
La primera vez que fui a Tinduf me marcó muchísimo. En una fiesta nocturna en las dunas empecé a discutir con jóvenes saharauis convencidos de que la guerra era la única solución. Yo les decía que eso era una barbaridad, que no tenían armamento, que lo achacarían a cualquier otro motivo, al fanatismo, a la religión... que el resto del mundo no se enteraría de la verdad y que se iban a extinguir, a desaparecer... Estos chicos me justificaron su decisión, su postura: nunca en la vida escucharé a alguien defender una guerra con unos argumentos tan humanos, aunque suene contradictorio. Dicen que no tienen nada que perder, ni siquiera la vida, porque vivir así no es vida, esperar a ver si llega el camión del agua, la ayuda humanitaria..., eso no es vivir. 
¿Llevan razón?
Sin duda, nadie debería vivir en un campamento de refugiados.
¿Cuándo participó por primera vez en el programa Vacaciones en Paz?
Al año siguiente de visitar los campamentos acogí a una niña de 10 años, pero por circunstancias personales solo la pude tener un año. Luego tuvimos a la hermana pequeña de Jadiyetu durante los tres años que pueden estar viniendo. Su familia nos dijo que quería que estuviera con nosotros.
¿Por alguna razón?
No hay que olvidar que estas madres y padres mandan a sus hijos con 10 años a otro mundo, a un mundo que no tiene nada, absolutamente nada que ver con los campamentos, nada de lo que se encuentran aquí les recuerda a su casa. Esas familias los mandan contentas de que tengan esa oportunidad de pasar todo el verano en España, pero también con mucho miedo, porque los padres no tienen ni idea de adónde vienen.
¿Cómo fue la relación entre su hija y las dos niñas de acogida?
Para mi hija, desde los cuatro años, el verano está relacionado con el mundo saharaui. Ella no entiende un verano sin saharauis. Cuando no hemos tenido en casa, hemos tenido algún familiar, amigos... Hay dos fechas en las que mi hija nunca falla, cuando llegan los niños y cuando se van los acompaña al aeropuerto. Este año cumple 18 años y quería hacerle un regalo especial, algo que fuera emocionalmente importante para las dos y el Sáhara y los saharauis son imprescindibles para ambas. Así que le regalé un viaje a los campamentos, dentro del programa de discapacidad. 
Este año, en la presentación de la campaña Vacaciones enPaz, habéis hecho especial hincapié en el acogimiento de niños y niñas saharauis discapacitados. ¿A qué obedece?
En la Asociación tenemos dos proyectos sobre discapacidad. El primero de ellos está dirigido a personas con parálisis cerebral. En el Sáhara se asisten muchos partos complicados y la falta de oxígeno produce muchísimos casos. Las personas con parálisis cerebral no tienen calidad de vida alguna. Nosotros estamos en contacto con una trabajadora social de El Aaiún, la ciudad más importante del Sáhara Occidental, donde los tienen censados. De esta forma, le suministramos pañales, sillas de ruedas, cremas hidratantes, lociones para las escaras.... Cada mes y medio o dos meses hacemos un envío para tratar de cubrir las ayudas técnicas y de higiene personal que necesitan. También mantenemos una ayuda para que asistan a sesiones de fisioterapia, ya que son muy importantes no solo por el beneficio físico que les aporta, sino porque les obliga a salir de sus casas. Al mismo tiempo, supone un respiro, un descanso para las madres que mientras llevan a sus hijos a estas sesiones de fisioterapia pueden reunirse para hablar, poner en común sus inquietudes, visibilizar y normalizar la enfermedad.
¿Y el segundo proyecto?
Consiste en el mantenimiento económico de los docentes y de los centros de discapacitados sensoriales, niños ciegos y sordos, principalmente, que hay en el Sáhara. Desde Albacete tenemos un empeño especial con el colegio de El Aaiún, pero el año pasado, gracias a un partido de fútbol que jugaron los veteranos en Albacete, pudimos recaudar un dinero que en diciembre distribuimos por los colegios de discapacitados de cada wilaya para que pudieran ir arreglando desperfectos o cubriendo necesidades. Albacete forma parte de una coordinadora estatal de asociaciones que trabajan con la discapacidad en los campamentos. Una asociada de aquí, intérprete de lengua de signos, viaja todos los años para enseñar a los profesores a comunicarse con las personas sordas. Allí ve las necesidades que tienen, comprueba que los menores van al colegio... Además, con estos centros se está garantizado el transporte y que los niños desayunen, una tranquilidad más para sus madres.
¿Cómo funciona el acogimiento de niños discapacitados?
En España, pocas somos las asociaciones de amigos con el Pueblo Saharaui que organizan la acogida de menores con discapacidad porque es muy difícil encontrar familias. Pero en Albacete la respuesta ha sido brutal. Cuando viajamos en diciembre a los campamentos hicimos las fichas de los niños que podían viajar este verano, las entregamos a la coordinadora y esta los distribuye entre las asociaciones que trabajamos con la discapacidad.
¿Cuántos llegarán a Albacete?
Aquí vendrán 10 niños sordos, ciegos, con autismo, síndrome de Down y con acondroplasia y casi hemos cubierto las familias acogedoras. Todos los niños saharauis necesitan salir de los campamentos de Tinduf, pero los discapacitados todavía más. Hay pequeños que no están diagnosticados y otros que tienen un diagnóstico erróneo o incompleto. En una ocasión vino una niña sorda y al hacerle una revisión, todavía le quedaban restos auditivos. Con un audífono se le resolvió el problema. Lo que aquí parece tan fácil, en los campamentos es inexistente.

El programa Vacaciones en Paz ha sido punta de lanza del trabajo a favor del Pueblo Saharaui, pero la filosofía de esta Asociación siempre ha sido reivindicar el derecho de los saharauis a recuperar su territorio, la difusión de la causa...
Quizá el programa Vacaciones en Paz ha solapado el resto de acciones, pero nosotros seguimos difundiendo la causa saharaui, queremos que la gente sepa por qué están allí y que no es justo lo que les está pasando. España no ha hecho la descolonización del Sáhara. Hasta el año 1975, el Sáhara era una provincia española, allí he visto antiguos DNI azules como los que teníamos aquí, los tienen los saharauis que se sacaron el carné y que antes del año 75 habían cumplido los 14 años. Es un DNI español, con su número, y lo siguen manteniendo. El Sáhara sigue perteneciendo a España porque no se produjo la descolonización, no se culminó.
Han pasado 44 años, muchas cosas en España, muchos gobiernos, partidos de diferentes ideologías... ¿por qué no se ha hecho?
Porque Marruecos tiene mucha fuerza, mucha, y nadie se quiere enfrentar a ese país, a pesar de que sigue expoliando los recursos naturales que pertenecen al Pueblo Saharaui. El problema es ese, el problema es que el Sáhara tiene muchos recursos, si no hubiera nada, no tendría ningún interés. Gran parte del pulpo que nos comemos en España viene de Dakhla y los bancos de pesca de los que tanto se habla están en territorio saharaui, al igual que las minas de fosfatos... Con la Marcha Verde de 1975, el Gobierno español lo único que hizo fue coger a sus funcionarios, fletar aviones, traérselos y abandonar a su suerte a la población civil. También es verdad que Franco se estaba muriendo, era un momento delicado, pero ahora ya no lo es... han pasado 44 años y no se ha movido un solo dedo.
Desde su punto de vista, ¿cuál sería la solución más viable?
La justa sería un referéndum para que los saharauis decidan si quieren volver a una autonomía o a un territorio libre. Hay que recordar que existe la opción de que vuelvan a Marruecos bajo la figura de una autonomía con privilegios, pero perteneciendo a Marruecos. En los campamentos hay mucha gente convencida con esta opción, que quiere volver, sea como sea, y hay otros que quiere volver al Sáhara como un país independiente. Por eso creo que lo justo es un referéndum en el que decidan ellos una de las dos opciones.
¿Confía en que llegará ese ansiado referéndum?
En la ONU se creó una misión especial, la única, que se llama Minurso. Se creó específicamente para resolver el conflicto saharaui. Ya hay sentencias de la ONU que reiteran a Marruecos que tiene que convocar un referéndum, pero es cierto que no llega nunca. Yo espero que llegue, hay que seguir luchando para que así sea y aunque es difícil, tenemos que seguir recordando a los políticos que nosotros aquí estamos muy cómodos, mientras ellos siguen allí.