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E. Real Jiménez
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José María Roncero, expresidente de la UCE de Albacete. - Foto: Luis Vizcaíno

Cuando en marzo José María Roncero Garrido cumplió 77 años, tomó la decisión: dejar la Presidencia de la Unión de Consumidores y Usuarios El Molino. Fue después de que, con un grupo de compañeros, la fundara hace 35 años. En todo este tiempo ha contribuido a fomentar la cultura de la defensa de los consumidores albaceteños, a crear conciencia. Un papel que le llevó, incluso, a presidir la organización a nivel nacional durante cuatro años.
Aunque quede lejos, José María Roncero es de oficio cuchillero, ¿cómo se inició?
Estuve en la escuela y, a los nueve años, mi padre dijo que ya era momento de empezar a ayudar en el taller de cuchillería que tenía. A ello me dediqué hasta pasados los 40. 
Ahora, esta Feria, Aprecu le reconocerá por ese pasado, ¿qué le ha parecido, le ha sorprendido?
Estoy contento, aunque sí, es un poco extraño después de tanto tiempo. Lo primero que vieron mis ojos al nacer es hacer una navaja. Mi padre trabajaba en una fábrica pero el sueldo no llegaba para una familia de siete hijos, y tenía en la cocina de mi casa un torno para hacer navajas.
¿Cómo da el salto de este gremio a la defensa de los consumidores?
Ya en el taller, a los 15 años hice el acceso a la Escuela de Maestría Industrial, a la especialidad de Mecánico Ajustador en turno nocturno, y lo compaginaba con el trabajo. A partir de ahí cambió mi vida.
Un compañero de clase era de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), me invitó a leer un periódico que se escribía por los protagonistas de los hechos, y me impactó un artículo de unos aprendices de pescadores de un barrio de Almería. En ellos me retraté, era la situación que vivíamos en el taller de cuchillería.
Me fui involucrando, entré en la organización y fue mi despertar en la necesidad de implicarme, como otros jóvenes, que tenían los problemas que yo, pero no se resignaban. Fue creando en mí conciencia.
También lo hizo Juan José García Carbonell, que lo tuve de profesor en la Escuela de Maestría. Me aficionó a la lectura, me inculcó un espíritu de superación que aún hoy le agradezco. Y a partir de ahí siempre he estado comprometido en cuestiones sociales y en crear un sistema más solidario y más justo. 
¿Cuando usted empieza, existía la organización de consumidores?
No, qué va. Tras la formación y después de casarme, me fui a Almansa, donde abrí un taller de cuchillería. Estuve seis años y, cuando mejor me iban las cosas, me llamaron de Maestranza, porque me había presentado a unas pruebas de mecánico ajustador y había quedado en la bolsa. 
Ya teníamos dos chiquillos y pensando en ellos, en sus posibilidades de estudio y futuro, volvimos.
Al tener otro horario laboral, me involucré en el asociacionismo vecinal. Seguí cuando hubo una desbandada de las asociaciones, hacia la política, con las primeras elecciones democráticas.
Fue la época del aceite de colza y Albacete supo reaccionar. Fue pionera en la creación de la primera Oficina de Información al Consumidor de España y se aprobó la primera Ley de Defensa al Consumidor. La OMIC nos animó, en el colectivo vecinal, a promover una asociación de consumidores, no había cultura de esa defensa. Y lo hicimos, sin saber. Era 1984.  

 

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