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«Estuve toda mi vida aprendiendo de músicos más veteranos»

A.G.
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«En el concierto de Albacete tendremos invitados sorpresa, de varios estilos»

El gaitero Carlos Núñez. - Foto: J.S.

Carlos Núñez actuará el 8 de enero en el Teatro Circo de Albacete, donde hace parada la gira por el 25 aniversario de su debut discográfico, A irmandade das estrelas, un hito dentro del boom de la música celta que se vivió en los años 90.

El artista vigués celebra además su cuarto de siglo de carrera discográfica con una edición especial del álbum, en la que colaboran artistas como Rozalén, Iván Ferreiro o Andrés Suárez o Glen Hansard. 

¿Cómo está viviendo la vuelta a los escenarios en estos tiempos tan difíciles para los conciertos?

La reacción del público está siendo maravillosa, notamos que la gente disfruta muchísimo y es una suerte que la música pueda ir despertando poco a poco. 

De momento todo va muy bien, con salas muy profesionales en las que se cumplen todas las medidas de orden y esperamos que siga así. 

Sin desvelar todo, ¿qué puede esperar el público de estas actuaciones por el 25 aniversario?

Es una celebración ante todo. Puedo contaros que en el concierto de Albacete vamos a tener a Jon Pilatzke, violinista y bailarín de The Chieftains, que siempre me cuenta que le encanta el público de los conciertos de España. 

Además, siempre invitamos a artistas de cada lugar, porque para mí las giras son también un descubrimiento, aprendemos cada día canciones y músicas nuevas que nos enseña la gente local. Por eso, en Albacete tendremos también muchos invitados sorpresa, gente de allí de diversos estilos.

¿Se ha tomado también como una celebración la edición especial de A irmandade das estrelas?

Sí, con ese espíritu y también con el de recordar aquel momento en que lo publiqué, cuanto tenía 23 años y después de haber crecido en los años 80, los de la movida, en los que no era nada fácil ser un músico celta, porque parecía que la gente quería únicamente cosas nuevas.

Después, en los años 90, la música celta se puso de moda, mis maestros The Chieftains me llevaron de gira todo el mundo y eso me cambió la vida. El sol salió para esta música en aquellos tiempos e Irmandade se inspiró en todo ese viaje iniciático que emprendí, después de haber tenido acceso y de grabar y compartir escenario con las grandes estrellas universales de la música, como The Who y Bod Dylan.

 Yo quería lo mismo para mi música e invité para el disco a artistas importantes, como Luz Casal, Dulce Pontes o los propios Chieftains. Lo más grandioso para mí es que el álbum dejó estela y ahora veo a músicos jóvenes que continúan la línea y se inspiran en la música tradicional, con el mismo respeto que yo veía en aquellos rockeros  ingleses o americanos de los años 90. 

Por eso, creo que ahora se cierra el círculo 25 años después, colaborando con esa nueva generación, que son a los que hemos invitado a participar. La iniciativa partió de José María Barbat, presidente de Sony Music Iberia, que ya era jefe de producto cuando se grabó Irmandade. Me sugirió esta edición especial y yo también le pedí opinión sobre artistas de otros estilos que también vivan de verdad la música tradicional. 

De entre esos colaboradores, ¿cómo fue la experiencia con la artista albacetense Rozalén?

Fue el propio Barbat quien me dijo que tenía que conocerla y grabamos las Seguidillas del Sol y la Luna, muestra de un ritmo muy propio de La Mancha, que une el Atlántico y el Mediterráneo. 

Son piezas del siglo XVII que reconstruyó Álvaro Torrente, catedrático de Historia de la Música y muy amigo mío, y quedaron muy frescas. Rozalén lo hizo fantásticamente, demostrando muchísimo cariño por estas músicas y me comentaba que esa canción había sido la canción más difícil y más antigua que había grabado en su vida.

Ese fue el proceso que seguimos también con otros colaboradores y ellos mismos se sorprendían de cómo traíamos a nuestro tiempo músicas tan antiguas, consiguiendo que sonasen tan pop.  

Ese espíritu cooperativo siempre ha estado presente en sus trabajos. 

Sí. He estado todo mi vida aprendiendo de músicos más veteranos, mis ídolos eran de la generación de mis padres, y ahora me encanta colaborar también con los más jóvenes y aprender de ellos.

Es algo que me inculcaron mis maestros The Chieftains, que siempre se rodeaban de los primeros espadas de cualquier género y yo he estado 25 años aprendiendo de maestros de todos los estilos. La música tradicional no es un gueto o un nicho de mercado, debe ser la base en la que todos se inspiren para hacer cosas nuevas y a la que cada uno puede aportar desde su estilo, hagas rock, heavy metal, música clásica o electrónica.

Otro ejemplo reciente de colaboración es el vídeo que grabamos con motivo de la apertura de la puerta santa de la Catedral del Santiago por el Año Xacobeo, en el que invitamos a muchos artistas y amigos, de diversos estilos, que participaron desde casas cantando o enviando saludos.

Hubo mucha generosidad por parte de todos y yo encantando de ver esa nueva generación, incluso de chicos que hacen trap, que se están inspirando en músicas tradicionales. Invitamos a jóvenes colaboradores gallegos de C. Tangana, hemos unido ritmo de la gaita y el trap y hemos descubierto que ese estilo maneja ritmos como la muñeira o el 6x8, que se han vuelto poner de moda por estos azares de la vida.    

También la industria musical ha vivido numerosos azares y cambios en este cuarto de siglo, ¿cómo los ha vivido?

Han sido 25 años de cambios continuos y un desafío constante, en el que tienes que estar continuamente aprendiendo y renovándote.

Cuando yo empecé la industria estaba probablemente en su momento más álgido de la historia. De hecho, Irmandade vendió un millón de discos, algo que ahora parece impensable. También estaban en su culmen las grabaciones analógicas, las que yo siempre he preferido con todos los músicos es directo, aunque es cierto que la digital puede hacerte todo mucho más fácil. 

Sobre el  año 2000  ya empezábamos a ver que todo iba a cambiar y yo siempre he dicho que la música fue la flor más sensible al cambio, la primera parte de la industria que sintió que iba a venir  un tsunami. Quizá por ello fuimos los primeros en empezar a prepararnos y yo llevo casi la mitad de mi vida con esa sensación de crisis, pero esto es como la historia misma, en la que las crisis han empujado a los músicos a empujar y buscar nuevas formas de expresión. 

En esta conversación ha aparecido varias veces el nombre de The Chieftains, ¿es esta gira también un homenaje a ellos?

Sin duda, es un homenaje a Paddy Moloney (líder del grupo-ndr), que nos dejó hace dos meses. 

Él cayó en la tristeza por la pandemia, estuvo casi dos años sin salir de casa en Irlanda y ahora ha fallecido. Yo uso su caso como ejemplo para el público, para que vea lo importante que es para el músico, porque necesitamos sentir su calor, sentir que tocamos para la gente. Esa comunicación es vital para nosotros, Paddy no soportó perderla y cayó en depresión.

Él me cambió la vida, porque fue quien me empujó a ir más allá, dejar mi plaza de funcionario como profesor de conservatorio y dedicarnos a recorrer el mundo haciendo giras. Siempre me preguntaba si me arrepentía y siempre le respondía que no, porque así es como lo siento.