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La Hermandad pasa de 500 donaciones al año a casi 17.000

Teresa Roldán
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El mensaje de los donantes caló a lo largo de décadas entre los ciudadanos gracias a las campañas y actividades de difusión y promoción de su labor social

Un donante atendido por la Hermandad durante el estado de alarma por Covid. - Foto: Rubén Serrallé

El 1 de abril de 1971 nació la Hermandad de Donantes de Sangre de Albacete y con ello la donación de sangre como acto altruista, generoso y solidario en la provincia albacetense, ya que hasta esa época los pacientes podían morir en un quirófano porque entonces la sangre se pagaba y por tanto escaseaba. «Existía un negocio importante de comercialización, de tal forma que los pacientes tenían que recurrir a sus familiares o, en el caso de no ser compatibles, a la compra de ese oro líquido, un bien muy preciado», aseguró el presidente de la organización, que acaba de conmemorar con un acto celebrado en el Jardín Botánico sus 50 años de andadura, en concreto 51, ya que debido a la pandemia del coronavirus, este acto se ha tenido que aplazar hasta en dos ocasiones.

 Si en 1973 se consiguieron 500 litros de sangre fruto de las colectas ciudadanas organizadas, el año pasado se superaron las 17.000 extracciones en el Centro Regional de Transfusión de Albacete y Cuenca, punto de donación y encuentro de los donantes. Sirva como ejemplo de la evolución de la Hermandad que en su primer año de funcionamiento la asociación contó con 15.000 pesetas de presupuesto, mientras que 51 años después al cierre de 2021 llegó a superar los 350.00 euros.

Es precisamente sobre los años 1965 y 1970 cuando en España empieza surgir el movimiento asociativo de los donantes de sangre. Por eso hasta ese momento los pacientes y sobre todo los famialires con recursos económicos que necesitaban sangre recurrían a la compra del tan preciado oro líquido.

Ante este panorama en 1971, según relata Blas González Honrubia, empleado del Banco Central ya fallecido y uno de los miembros fundadores, junto a Miguel Muñoz, Ángel Alcaide y Carlos Morales, en el libro Albacetge SigloXX. La memoria escondida de Blas, la casualidad quiso a punto de mantener una reunión en la entonces residencia sanitaria del Perpetuo Socorro, recibiera la llamada del ginecólogo José Martínez, que angustiado porque tenía una paciente de Nerpio en el quirófano que necesitaba sangre con urgencia y cuyos familiares debido a la distancia no llegarían a tiempo, movilizó a la gente para que fuera al centro hospitalario a donar sangre. En sólo 30 minutos había conseguido más de 15 voluntarios para donar su sangre. Eso fue lo que provocó que este grupo de personas iniciara los trámites para fundar la Hermandad. Desde entonces hasta ahora, el objetivo de la entidad no ha variado: «que la sangre espere al paciente, no el paciente a la sangre», indicó Igualada.

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