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«Ahora se trata de defender lo conseguido con uñas y dientes»

Juan Carrizo
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Acaba la temporada con un ascenso buscado pero al mismo tiempo épico, para un Albacete lo tuvo todo en contra. Es momento de hacer balance y hablar de lo que supone el retorno al fútbol profesional con el vicepresidente y CEO del club, Víctor Varela

Víctor Varela, vicepresidente y CEO del Albacete Balompié. - Foto: Rubén Serrallé

La familia Kabchi es la dueña del Albacete Balompié pero su hombre fuerte en el club, el que maneja el día a día desde las oficinas, es el vicepresidente y CEO Víctor Varela. El ascenso, la temporada, la Primera RFEF y el retorno a Segunda, con lo que supone para la entidad, fueron los temas sobre los que este malagueño habló largo y tendido para este diario.

Por fin desde que llegó Skyline se ha tenido una alegría, un ascenso.

Yo creo que disputar el playoff de ascenso a Primera también fue una alegría mayúscula. No hubo premio final, pero teniendo en cuenta el nivel de la categoría, llegando a esa fase final nos hizo disfrutar muchísimo y es una alegría que nos llevamos. Este año la alegría ha sido doble, los dos primeros equipos del club jugará en Segunda el año que viene en unas condiciones de agonía y sufrimiento, en un último partido, en una final y en ambos casos, con una prórroga. Hay un paralelismo curioso, pero es significativo para la ciudad y para la región tener a los dos referentes del fútbol masculino y femenino en la división de plata del fútbol español.

Antes de llegar a este último partido contra el Deportivo, el final de liga del equipo estuvo sembrado de dudas y decepciones, ¿cómo se vivió desde dentro del club?

Son momentos en los que sabes que está cerca la meta y tienes esa sensación de que no vas a poder alcanzarla. Eso genera ansiedad y desasosiego. Nosotros siempre apostamos por mantener la tranquilidad, la cabeza fría, siendo conscientes de que durante una temporada hay momentos buenos y malos. Creo que los malos se superan estando unidos, dando confianza a los jugadores, porque muchas veces, cuando las cosas empiezan a no salir bien, el profesional empieza a dudar, es lógico, y lo que hay que hacer es reforzarla en la idea de que al final el trabajo va a tener sus consecuencias. Eso mismo lo hablaba con uno de los jugadores, que me recordaba una conversación que tuvimos aquí en unas circunstancias adversas y se le remitió precisamente a que al final el trabajo siempre tiene su recompensa y así ha sido.

El mundo del fútbol va por dinámicas y aquí la de las últimas jornadas fue negativa, desde la derrota contra el Andorra, lo que marcó la confianza y la fe en el ascenso.

Son momentos en los que las cosas no salen como a uno le gustaría, pero yo he recordado estos días una frase de Rafa Nadal, que hay que aceptar las cosas como son, no como te gustaría que fuesen, ni como deberían ser. En ese final, el rendimiento del equipo distaba del que nos había mostrado durante gran parte del campeonato pero era el momento de arropar a los jugadores, al cuerpo técnico, demostrarles nuestra confianza y la fe de que podíamos ser capaces. En esta ocasión, como el fútbol es muy caprichoso, fuimos capaces.

Le vi llorar en Riazor, seguro que era el momento de liberar la tensión, porque como vicepresidente su responsabilidad es grande.

Cuando terminó el partido tuve cuatro o cinco minutos de meter la cabeza entre las piernas y desahogarme, no solo la tensión, también la responsabilidad. Soy consciente de lo mucho que se juega un club histórico como el Albacete, la ciudad, de lo mucho que han sufrido mis compañeros del club para poder soportar estas condiciones en una categoría no profesional y creo que la mejor satisfacción es ver feliz a toda la afición, a toda la ciudad, eufórica como lo vivimos el otro día por lo conseguido.