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"Cuesta mucho romper con la inercia de una sociedad patriarcal"

María Albilla (SPC)
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"Cuesta mucho romper con la inercia de una sociedad patriarcal" - Foto: LUNWERG

El día que Laura Baena (Málaga, 1981) sintió que era una malamadre empezó una revolución. Ella entonces no lo sabía, pero aquello le ha llevado a encabezar un movimiento con el que da voz a todas aquellas mujeres que no comulgan con el concepto de superwoman impuesto por la sociedad y lo cuenta en Yo no renuncio (Lunwerg).

Ahora, a través del Club Malasmadres y la Asociación Yo No Renuncio, trabaja para romper un nuevo techo de cristal para el colectivo como es lograr un pacto de Estado por la conciliación. Si lo logra, solo el tiempo lo dirá, pero en su ascenso van cristalizando otros conceptos no menos importantes como la necesidad de tener flexibilidad laboral para conciliar, lo fundamental que es la corresponsabilidad en el hogar o la importancia de que los padres unicornio se atrevan a ser referentes para otros hombres. 

Por si pillamos a alguien de nuevas... ¿Qué es una malamadre y qué es el Club de Malasmadres?

El Club de Malasmadres es una comunidad emocional de mujeres, mayoritariamente madres, que luchan por un nuevo modelo social de maternidad alejado del mito de la superwoman. Nos tomamos con mucho humor el hecho de tener hijos e hijas y vivimos la maternidad con libertad y con un objetivo común que es la conciliación.

Yo empecé a sentirme malamadre y a desahogarme cuando vi que no conectaba con el modelo social porque no cumplo las normas y porque creo que hay que romper con el mito... De ahí, di la vuelta al concepto para hablar del buenpadre y del buenhijo y de los buenosabuelos... Pero si nos ponemos serios, un buen padre es una pareja corresponsable. Y también los hay y pueden sentirse malospadres.

Somos una 'generación sandwich'. Retrasamos la maternidad y luego nos toca cuidar por arriba y por abajo"

¿Qué papel tienen precisamente los padres en la conciliación y los hombres a la hora de conjugar este verbo en la sociedad?

Es fundamental hacer equipo. La conciliación no puede ser solo un derecho de las mujeres madres porque solo se harían políticas públicas destinadas a este colectivo y acabaría siendo discriminatorio. Ahí es donde se cae en trampas como la reducción de jornada, el teletrabajo, las excedencias... Se da por hecho que las mujeres somos las cuidadoras, las que renunciamos y ganamos menos y al final cargamos la mochila del cuidado. Hay que dar un toque de atención a los hombres para que se vean llamados a estos temas. Tienen que ver que es también su responsabilidad y que deben dar un paso adelante no solo en la corresponsabilidad del hogar. También en la empresa y en su papel social y público. Pero, claro, tienen que dar un paso adelante en la corresponsabilidad y otro atrás en sus privilegios, los que lesa vienen dado por el hecho de ser hombres. Hay que compartir las tareas visibles y las invisibles, la carga mental, decidir quién renuncia con igualdad y que ellos sean parte del cambio. Cuesta mucho romper con la inercia de una sociedad patriarcal.

 

¿La conciliación debería empezar incluso antes de tener hijos?

Debería empezar antes porque debería ser para todas las personas y eso es lo que estamos luchando también desde el Club de Malasmadres. Somos las madres las que tenemos que hacer esta revolución y romper el silencio del coste de la conciliación que asumimos con nuestros sueldos y nuestra salud mental porque somos las principales perjudicadas, somos las castigadas por la falta de estructuras de apoyo a las familias. Si no somos nosotras las que damos un paso adelante esto no va cambiar porque al Estado le sale muy barata la conciliación. Y a los hombres, también.

No renuncio a seguir luchando para que las madres rompan su silencio"

Este movimiento entiendo que es extensible a las personas cuidadoras de mayores o dependientes.

Claro, nosotras somos una generación sandwich. Hemos retrasado mucho la maternidad, muchas incluso renuncian ya sea voluntariamente o porque luego tienen complicaciones asociadas a la edad... El caso es que llegamos a ser madres a una edad en la que nos toca cuidar por arriba y por abajo y esto es un desastre para la salud física y emocional. Ya no te digo nada en los casos de cuidados especiales o si eres familia monomarental...

Según los datos de Igualdad, el 85 por ciento de las personas que dejaron su empleo temporalmente en el primer trimestre de 2021 para cuidar a sus hijos e hijas fueron mujeres. ¿Es achacable a la diferencia salarial entre sexos?

Nosotros intentamos romper mitos como que las mujeres no somos madres o tenemos menos hijos por egoísmo o porque nuestras prioridades han cambiado. Siempre se ha pensado también que las mujeres que renuncian lo hacen porque ganan menos que sus parejas, pero nosotros hemos visto en nuestros estudios que esto no siempre es así. Incluso en los casos en los que ella gana más, sigue cargando con la mochila del cuidado. Esto nos viene a decir, no que no pase lo que tú dices, sino que a la renuncia nos lleva la sociedad, el sistema establecido que hay en torno a la mujer y ese sentimiento de culpabilidad al que te empuja. 

Quien dé la espalda a las cuotas es porque no tiene ni idea"

¿Entonces ese sentimiento de culpa pondera más que la economía a la hora de renunciar al trabajo?

El sentimiento de culpa es generacional. Es algo contra lo que le toca luchar a nuestra generación porque somos un puente entre el modelo de madre abnegada y sacrificada que ni siquiera podía plantearse un cambio de vida o priorizar su yo como persona. Ahora, hemos crecido en el feminismo, en la independencia económica, una igualdad aparente -que es un espejismo en realidad-. Y, de repente, llega ese gran techo de cristal para las mujeres que es la maternidad y nos damos cuenta de que hemos pasado a ser un modelo de madre superwoman que es totalmente inasumible. Y claro, con ese concepto llega el momento en el que creemos que nada es suficiente y que si no llegamos estamos haciendo algo mal. Y entra en juego la culpa que cae como una losa. Esa culpa le viene fenomenal al este sistema.

Bromea diciendo que «la verdadera igualdad llegará cuando un hombre vaya al baño con su bebé en brazos, haga pis y el bebé siga vivo». El famoso modo koala...

Sí, es una exageración, pero visualmente dice mucho. ¿Que por qué ellos no lo hacen? Porque lo hacemos nosotras. Por generación y por educación nos cuesta mucho delegar. Es algo que vemos de manera muy habitual en los talleres que hacemos. Delegar en casa, en el trabajo, en la sociedad... y esto es un obstáculo, un límite tremendo. 

Nos hemos creído que los niños tienen que estar con su madre hasta el límite de que pensamos que el padre no lo puede hacer bien. Nos hemos creído imprescindibles y eso hay que quitárselo de la cabeza. Yo quiero criar, quiero cuidar, ser una madre presente, pero gracias a un modelo laboral en el que la flexibilidad esté en el centro. El trabajo y la vida debe ser sostenible, pero las mujeres madres también nos tenemos que cuidar y preservar nuestra vida y nuestra identidad. Y para esto hay que delegar el cuidado.

Ojalá todas las mujeres con puestos de poder hicieran lo mismo que Nadia Calviño"

¿Por qué tendemos a pensar que la madre es imprescindible, pero no el padre?

Hay una realidad y es si tú decides dar pecho al bebé. Yo a mi tercera hija le he dado 17 meses lactancia materna y eso es mucho sacrificio, es estar presente mucho tiempo. Pero para yo poder hacer eso he tenido una pareja que me ha apoyado, que se ha encargado de mis otras dos hijas, que adoptó el rol de cuidador y se ocupó de las tareas domestico-familiares... No hubiera sido posible. El padre es imprescindible ya sea para estar con el bebé a modo koala o para ser corresponsable. Está claro que solo la madre puede dar teta, pero el padre puede hacer muchísimas otras cosas. Por eso son tan importantes los permisos de maternidad y paternidad igualitarios e intransferibles. Hay mucha gente que no lo entiende, pero si no se obliga de cierta manera a la paridad no vamos a conseguir el cambio porque ellos no van a soltar solos sus privilegios. A ver, haberlos haylos. Son los padres unicornio, los hay, pero les cuesta mucho ser referentes y decirlo públicamente no vayan a llamarles... Ya sabes cómo va esto. 

A esto me refería con el rol que tienen que jugar los hombres en esta revolución. ¿Qué papel tiene la educación en este sentido?

Esto debe empezar con la Educación desde que son niños. Yo lo veo con mis hijas, que desde pequeñas han visto cómo era su padre el que entraba en la cocina y se asustaban cuando lo hacía su madre. El cambio de roles lo están entendiendo desde pequeñas, están comprendiendo la corresponsabilidad. Pero esto es importante que vaya acompañado con las escuelas porque comprenden un modelo que luego no se replica en la sociedad y eso es un horror porque les puede confundir. El cambio empieza ahí, en la educación.

¿A qué no renuncia ahora Laura Baena, pero qué ha tenido que dejar atrás para llegar hasta aquí?

En principio tuve que dejar atrás mi trayectoria profesional. Tuve que renunciar para luchar porque ninguna mujer tuviera que renunciar. Cuando nació mi primera hija estuve dos años intentando conciliar. Fue una pesadilla y renuncié. Ahí me di cuenta de que no estaba eligiendo, estaba renunciando y que no era por mí, sino porque era imposible. Entonces empecé a contar mi historia y me di cuenta de que no estaba sola.

A lo que no renuncio ahora es a seguir luchando para que las mujeres madres rompan su silencio y compartan su historia. Si nosotras no damos un paso adelante juntas, esto va a ser muy difícil. Tampoco renuncio a seguir luchando por un pacto de Estado para la conciliación. Este es mi objetivo último a nivel de sistema.

¿Y compaginar vida familiar y laboral es más fácil ahora como autónoma que en la agencia de publicidad en la que trabajaba antes?

Bueno... Si las madres por cuenta ajena están abandonadas, las madres por cuenta propia ya es como 'oh, Dios mío...'. Ahí hay una lucha muy muy importante, solo que yo prefiero partir de lo general. Si no es muy complicado ganar batallas.

Ahora bien, muchas madres emprenden para poder conciliar y esto es un error porque es renunciar para emprender y el camino del emprendimiento en España es muy complicado porque apenas hay ayudas. Eso sí, tiene una cosa maravillosa que yo es lo que pido para todo el sistema laboral, que es la flexibilidad. Yo soy dueña de mi tiempo y yo me organizo. Esto me parece fundamental. 

¿Cómo han sido recibidos el Club de Malasmadres y la Asociación Yo No Renuncio por la clase política y qué tipo de relación hay con las instituciones?

Llevamos siete años haciendo incidencia política y la relación con los partidos ha sido siempre buenísima. Yo me he sentado con la mayoría de los ministros y ministras del país para llevarles nuestras reivindicaciones, sobre todo en pandemia, cuando les entregamos nuestro manifiesto Esto no es conciliar con más de 300.000 firmas a diferentes Departamentos. Hace poco estuve con la ministra portavoz, Isabel Rodríguez, para pedirle una subcomisión de conciliación en la que empezar a trabajar en ese pacto de Estado... También trabajamos con las regiones y en el ámbito local hacemos talleres y actividades creativas.

La verdad es que hemos sido escuchadas desde el inicio porque hemos puesto voz a un problema que nadie contaba como nosotras. 

Para conciliar es imprescindible hacer equipo"

Dice que esta lucha no ha tenido ni tiene un color, un partido. ¿Ninguna formación la ha intentado hacer suya?

Nosotros lo que tenemos que hacer es exigir a los gobiernos que se tomen medidas y ha sido un gran esfuerzo personal que fuera así. Los partidos lo saben, lo comprenden y entienden que representamos a todas las mujeres, independientemente de la ideología.

¿La discriminación positiva, las cuotas paritarias y las medidas que se imponen en esta línea son necesarias en la lucha por la igualdad?

Es uno de los caminos. Es necesario. Quien de la espalda a las cuotas es porque no tiene ni idea de qué va la igualdad. Y no porque las cuotas tengan que permanecer sine die, sino porque son una palanca de cambio, una medida temporal necesaria para cambiar la inercia de la desigualdad. Si tú no fuerzas estas medidas, no va a haber cambio. Necesitamos mujeres que representen nuestro derechos, necesitamos mujeres en el poder.

¿Qué le parecen entonces gestos como los de la ministra de Economía, Nadia Calviño, de apartarse de una foto en la que no hay más mujeres?

Chapó. Ojalá todas las mujeres que están en puestos de poder hicieran lo mismo. Aparte, me pareció muy loable porque ella avisó previamente de que no volvería a ponerse en una foto en la que fuera la única mujer. Volvió a pasar y cumplió con la palabra que había dado, que ya es difícil ahora en política.