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Rodenses gestionan la autoescuela más prestigiosa de Madrid

Emilio Martínez
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Creada hace casi medio siglo por José Lara, tiene 55 centros, multitud de cursos y miles de alumnos cada año

Javier Lara posa junto a uno de los vehículos de su empresa. - Foto: Carlos Paverito

Hay que darle la vuelta a la humorística frase de Groucho Marx de que «partiendo de la nada hemos llegado a la más absoluta de las miserias». También a la extendida idea de que, por desgracia, la mayoría de los sueños se duermen pero no se cumplen. Porque quién le iba a decir a José Lara a su llegada a Madrid desde su pueblo de La Roda a principios de la década de los sesenta para cambiar y mejorar su vida, que la circunstancia que de forma indirecta le brindó el destino de crear una escuela de conductores iba a convertir su empresa casi medio siglo después en una especie de multinacional de enorme fama y prestigio. Un prestigio que, entre otras muchas cosas para presumir, se traduce en ser, también desde hace lustros, la que mayor número de aprobados logra para sus miles de alumnos. 

No es de extrañar, pues, que su hijo, Javier, portavoz y director de marketing, y al frente de la empresa junto a sus hermanos José María y Fernando, se muestre «enormemente satisfecho». Aunque, claro, no por ello deja de apelar al complemento imprescindible para el éxito: el trabajo en grado sumo, que es lo que les inculcó su padre. El caso es que José Lara comenzó su andadura laboral en Madrid en una frutería hasta que los juguetones hados del destino le llevaron a entrar en un centro de formación de profesores de tráfico en 1965 y ocho años después a fundar su propia autoescuela en el barrio de Vallecas. 

El negocio empezó a funcionarle bien y a partir de 1982 fue ampliando la presencia de Autoescuela Lara desde la Avenida del Mediterráneo a otros rincones de la capital española e incluso a varios pueblos, así hasta la actualidad cuando suma, entre propios directamente y franquicias, un total de 55, una cifra que la firma tiene previsto ir aumentando en un promedio de cuatro o cinco al año. Como es lógico, el fundador se jubiló tomando las riendas de la dirección su hijo Javier, que alternó sus estudios de empresariado y marketing con su trabajo en la escuela.

Precisamente éste, un empresario joven entonces y ahora emprendedor y vanguardista -«a costa de echar más de 10 horas diarias de trabajo» cual apunta-, fue el responsable del cambio de imagen y de marca del negocio, incluyendo la elección del tan llamativo color naranja que lo caracteriza y que pasean no sólo sus anuncios publicitarios, sino los vehículos, cada uno de los cuales recorre al día a día centenares de kilómetros en sus diversas funciones. Una flota compuesta ahora por 90 coches, 15 motocicletas, seis autobuses, cuatro camiones y dos trailers. 

En ellos y en los centros, que en conjunto engloban a más de 150 empleados, Autoescuela Lara ofrece la mayor variedad de cursos relacionados con teoría y práctica de la conducción de todo tipo de vehículos a los que asisten más de 10.000 alumnos por año. Desde coches y motos, a los que corresponden, respectivamente, los carnets B y A2; a camiones y autobuses -incluidos los de la Empresa Municipal de Transportes-, permisos respectivos tipos C y tipo D para vehículos pesados; hasta tráiler, que otorgan tipo E, y hasta incluso cursos para trabajar como conductor profesional con el correspondiente Certificado de Aptitud Profesional (CAP), que es obligatorio para las personas que quieran ganarse la vida con llevando camiones y autobuses.

 

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