Pueblos con 'marca registrada'

C.S.Rubio
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Desde la comarca de la Jara se lanza la idea de crear una 'etiqueta de ruralidad', con bonificaciones fiscales para empresas y autónomos. También se pide un 'bono de formación rural' para jovenes urbanos

Pueblos con 'marca registrada' - Foto: CARMEN TOLDOS

La comisión parlamentaria sobre la despoblación sigue dejando propuestas interesantes sobre la mesa, de cara a elaborar una ley regional que realmente sea efectiva para afrontar el reto demográfico con garantías. Es el caso de la ‘etiqueta de ruralidad’ que este martes ha traído a las Cortes Yolanda Martínez, de la asociación Impulso a la Jara.
Una ‘marca registrada’ que, a grandes rasgos, plantea beneficios fiscales para las empresas que se instalen en zonas rurales (por ejemplo, una reducción del 20% en las cuotas del IRPF), así como para los autónomos, «bonificando sus cuotas o, incluso, suprimiéndolas hasta que logren asentar su negocio», según explica Martínez.
En esta línea de atraer futuro a los pueblos, plantea también la creación de un ‘bono de formación rural’, para jóvenes urbanos que decidan desarrollarse su vida profesional en pueblos en riesgo de despoblación. Sin olvidar la necesidad de hacer una apuesta decidida para llevar las nuevas tecnologías a zonas como la comarca de La Jara, una de las áreas más pobres de Europa (con una renta per capita de 8.000 euros año), pero que a día de hoy puede ser un entorno óptimo para el emprendimiento digital y el teletrabajo.
Su asociación se queja de la falta de fondos por parte de la Junta y crítica el actual modelo de Grupos de Acción Rural. A su juicio, «meros organizadores» de papeleo y de «proyectos individuales», e incapaces de crear «un ecosistema de emprendimiento» en los pueblos.
Como concluye, «es posible repoblar nuestras comarcas» y, para ello, «proponemos que Junta plantee ante el Estado y la UE la singularidad del medio rural de Castilla-La Mancha».
Desde la Asociación de Desarrollo Rural Molina de Aragón-Alto Tajo, Jesús Alba también reclama ese apoyo fiscal y legislativo para empresas y autónomos. Y es que, como dice, «para trabajar en un pueblo tienes que ser autonomo y nadie quiere ser autónomo».
«Para que las empresas vengan a los pueblos, tienen que tener un incentivo fiscal», insiste. «La iniciativa privada de alguien que crea en su proyecto, vale mucho más que lo hagamos nosotros desde las instituciones, pero hacen falta ayudas y facilidades».
En este sentido, Alba propone a las Cortes regionales poner en valor lo peculiar de las zonas rurales de Castilla-La Mancha, bien desde el punto de vista agroalimentario, bien desde el ámbito de la cultura, las tradiciones o el medio natural. Como ejemplo, pone el caso de la marca ‘Calidad en altura’, que se está implantando en la zona del Alto Tajo, aprovechando la singularidad de sus productos, cultivados o criados «a 1.400 metros de altura». Una marca que, como apunta, estaría dando buenos resultados en ganadería y en algunos cultivos como la patata.
¿El problema? La falta de agua en la zona (buena parte de la existente se envía al Levante a través del trasvase Tajo-Segura), que lastra la recuperación de cultivos como el del espárrago. Y aquí Alba lanza un aviso a navegantes: «el agua es necesaria» y debería de haber «un caudal permanente» en el Tajo y sus pantanos « para comenzar a aprovechar las posibilidades de regadío de esta zona».
¿Un ejemplo? «En el valle del Mesa tenemos un micro clima ideal para árboles frutales», pero este cultivo no es viable al no tener la zona posibilidad de ampliar sus regadíos.
De la mima opinión es Vicente Caja, presidente de la Asociación de Productores de Cordero de la Serranía de Cuenca y miembro de la patronal agraria Asaja. Como advierte, «consigan agua y habrán conseguido desarrollo agrícola e industrial» en muchas zonas despobladas de Castilla-la Mancha, especialmente en Cuenca y Guadalajara.
A su juicio, «la producción de alimentos debería de ser considerado sector estratégico». Es más, «una sociedad sabia no echaría a perder un activo tan importante», por lo que insiste en la necesidad de poner en valor actividades como la ganadería extensiva, con una calidad «difícilmente inigualable» en esta zona.
Y aquí llama a hacer una reflexión sobre «el domagatismo» de muchos animalistas y ecologistas, «que nos quieren imponer su pensamiento de una naturaleza de ver pero no tocar», «y que prefieren llevar ropa hecha con fibras sintéticas, que tardan siglos en descomponerse, que las pieles de animales sacrificados para la alimentación».
Francisco Burillo, de la asociación de la Serranía Celtibérica, también ha participado de esta comisión, poniendo cifras al desastre de la despoblación. Como explica, «Guadalajara es la zona cero de la despoblación. No se entiende como en un país como España se ha podido llegar a esto».