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Diamantes en bruto

Ana Martínez
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Un grupo de madres y padres constituyen la asociación Kaizen de Altas Capacidades de Albacete para visibilizar la realidad de la infancia que tiene un cociente intelectual superior a 130

Algunas madres y padres que han decidido constituir la asociación Kaizen de Altas Capacidades. - Foto: Rubén Serrallé

Todo lo desconocido no solo asusta, sino que genera una serie de estereotipos y clichés que, en la mayoría de los casos, producen rechazo y también mucho dolor. Hartos de sufrir los típicos tópicos, un grupo de madres y padres de la ciudad de Albacete han constituido la asociación Kaizen de Altas Capacidades, para visibilizar ante la sociedad la realidad de esa infancia que tiene un cociente intelectual superior a 130 y que presenta un gran abanico de capacidades, que suelen confundirse con otras actitudes menos valoradas entre la población y la escuela.

La idea de Kaizen -que ya cuenta con un espacio cedido por el Ayuntamiento en el centro sociocultural Antonio Cepillo del barrio de Medicina, donde quiere programas actividades comunes para las familias-, pasa por formar e informar pero, sobre todo, hacer lo imposible para que sus hijos e hijas sean felices y no sufran la incomprensión del mundo que les rodea, porque ser un niño o una niña superdotada, también tiene consecuencias dañinas durante su desarrollo.  Ser una persona con altas capacidades es ser una superdotada, sí, pero no exclusivamente por su elevado nivel intelectual, sino por cómo manejan su creatividad, hasta qué punto son precoces en este aprendizaje, en su autonomía, en su interés por las cosas, en su sensibilidad, en su sentido de la justicia… «Estos chicos tienen un potencial que hay que saber desarrollar para que no se pierda», explica Silvia Fernández Juan, presidenta de Kaizen, quien aclara que, dentro del colectivo de las altas capacidades, se encuentran personas con capacidades diferentes: «No todos sacan sobresalientes en la escuela, hay niños muy inquietos, otros bastante desmotivados, niños a los que si no se le estimula su talento se aburren, parecen alumnos estancados, llegan incluso al fracaso escolar y a sufrir bullying en la escuela», advierte Silvia.

A ello se une cierta antipatía general por parte de la comunidad escolar, porque tanto maestros, como compañeros y madres y padres de alumnos ven a estos niños como sabelotodos y repelentes «y esto no es verdad», aclara la presidenta de Kaizen, que subraya: «Dentro de las altas capacidades están los niños superdotados, que son los que presentan un alto nivel de inteligencia, de creatividad y de motivación, todo lo hacen bien», sin embargo, «no todos los niños con un cociente intelectual por encima de 130 tienen un alto rendimiento».

Es importante interiorizar que este colectivo, que también sufre los dichosos patrones heredados de una sociedad desinformada, está integrado por niños completamente normales, porque la alta capacidad no es un síndrome, ni un trastorno ni una patología, sencillamente son niños con un cerebro que funciona de forma diferente, que tienen muchas inquietudes, son muy racionales y, por lo general, no cumplen con los modelos de desarrollo propios de su edad. 

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