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Antonio García

Antonio García


Lomloe

12/12/2022

Por primera vez los educandos están en pie de igualdad con el educador: el estudiante no entiende las explicaciones del profesor y el profesor tampoco entiende lo que tiene que explicar. Los más de 500 folios que componen el nuevo currículo de ESO y bachillerato en la Lomloe constituyen una jerga intraducible a cuyo lado la piedra de Rosetta es un modelo de claridad y precisión. De haber mediado una buena poda, se podría haber dicho lo mismo en una docena de páginas, pero ya es sabido que los textos administrativos tienden a la hinchazón, al retruécano, al eufemismo, a la amplificatio, siguiendo la enseñanza de Eugeni D'Ors de que cuando algo estaba claro había que oscurecerlo. ¿Quién habrá redactado este monstruoso ideario contemporáneo, en el que solo se entienden las preposiciones y otros nexos de unión? Todo apunta a que se trata de un colectivo, a la manera de las obras épicas, solo que aquí no ha habido un culminante Homero que lo pusiera en limpio. Cuando se enfrenta el comentario de un libro, uno sabe a quién dirigir las críticas, por venir firmado: aquí es imposible repartir responsabilidades pues tras el ominoso engendro se oculta, sin dar la cara, un fuenteovejuna de catedráticos, pedagogos, psicólogos, políticos, puede que hasta vicetiples, autosatisfechos de haber ideado, todos a una, claves como Stem1, Stem2, CD2, Cpsaa5, CC4, de meridiana interpretación. Decía Menéndez Pidal, al referirse a las obras tradicionales, que su autor es legión y su edad, los siglos. No se duda de que en la redacción de la Lomloe ha intervenido una legión de lumbreras; más dudoso que es que vaya a perdurar, porque en cuestión de años, o meses, se verá reemplazada por otro arcano similar.