Miguel Romero

CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Los apellidos del sistema de poder

21/03/2022

Dice la R.A.E. que el apellido es el nombre antroponímico de la familia con que se distingue a las personas. Y ahora, en tiempos de política, revenida o tradicional, libertaria o autárquica, pero política a fin de cuentas, se está poniendo de moda, eso de que los partidos políticos tengan apellido o apellidos.
Sin duda, el nombre y los apellidos de las personas nos dicen mucho de ellas, de quién nos lo ha puesto, de la sociedad en la que vivimos, de los gustos y modas que imperan y del concepto que le define como tal. Por eso, el nombre que es la seña de identidad del ser humano, lo que verdaderamente nos identifica y no tantas veces, nos diferencia, sirve para tener un lugar en base a una llamada, una identificación o un salir del paso (el nombre da coherencia, prestancia, definición y sencillez); pero el apellido es otra cosa; este elemento, mucho más nuevo, propio de los tiempos y las costumbres, tradiciones o culturas, es tal vez, la prueba de nuestra estirpe, ascendencia o virtud familiar, y eso es más importante si cabe.
En la antigüedad, muchas tribus carecían del apellido y al revés, muchas otras, solamente tenían apellido para diferenciarlas de las otras tribus o familias identitarias.
Pues bien, ahora en tiempos de políticas modernas, ajustadas a unos sistemas donde prepondera el grupo, no tanto la ideología y si más, el grupo de presión que adopta un fuerte poder en la sociedad en la que se desenvuelve, parece que se está haciendo común que se le añadan apellidos a esos partidos políticos (varios apellidos al mismo partido) que actualmente conforman el panorama socio-político de nuestras sociedades modernas, en función de los intereses que se mueven y no tanto, en los conceptos ideológicos que defienden. España es una clara prueba de ello. Es decir, en esta comunidad o región (¿?) se hace si conviene establecer una alianza de poder con la ideología afín en postulados de ideas y proyectos, o tal vez, ese mismo partido, se alía con otra fuerza política no tan afín a veces contrapuesta en fines ideológicos, porque ello conlleva poder. No hay más que cambiar el apellido porque el nombre sigue siendo el mismo, y de esa manera, los intereses pueden ser más o menos particulares, aunque casi nunca, grupales de esa masa social que suele respaldar con su voto.
Esa razón es la que me hace daño; no contar con los votantes, los afiliados, los que dan vida a esos grupos políticos; son decisiones de sus líderes, de sus gestoras o directivas, de sus deseos personales, sin que pueda o deba ser coherente con el pensamiento o con la idea de partido y sin más, hoy estoy con este grupo porque así gobierno y mañana estaré con el otro, si me ofrece algo más donde ese poder pueda estar más sólido o mejor representado. Y no tengo que citar ningún partido de España, simplemente cada uno de vosotros, lectores, podéis hacerlo porque es fácil y se está dando con mucha asiduidad, ¿verdad que sí?

ARCHIVADO EN: Política, España