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Editorial

Un Primero de Mayo marcado por la incertidumbre económica

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En un escenario plagado de nubarrones en el horizonte económico, los sindicatos volvieron a salir a la calle, tras dos años, para escenificar sus demandas con motivo del 1 de mayo. Lo hicieron en la jornada dominical en más de 70 plazas acompañados de los miembros del Gobierno sanchista que aprovecharon para vender sus logros y de paso, con su presencia y con cierta ingenuidad, presentar una enmienda a su propia gestión. Porque una buena parte de los males de la clase trabajadora encuentran sus responsables en aquellos que dirigen los destinos del país. Si hasta hace poco, las reivindicaciones del Día de los Trabajadores tenían como destinatario al Ejecutivo de turno, ahora los convocantes rentabilizan la cita apuntando apunta a la patronal y brindan a sus 'socios' en el Gobierno la oportunidad de atacar a su oposición política. La demonización del sector empresarial por parte de los sindicatos contrasta con la indulgencia que se concede a Sánchez y a los suyos.

Si por un lado es de recibo valorar los logros sindicales de las últimas fechas, selladas en el marco del Diálogo Social, como el freno a la temporalidad, la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) o el ajuste de las pensiones al IPC, el panorama que dibujan los últimos indicadores no es alentador. Sin embargo, la crítica feroz de los sindicatos, la agitación que vislumbran, la demanda de la subida de los sueldos, pasa de puntillas por una inflación galopante, por una política energética errática previa a la guerra de Ucrania y agravada por este hecho, o por el pulso del sector del transporte que puso en jaque al país. Se indulta al Gobierno pero se castiga a un sector empresarial, ejemplar en la gestión de la pandemia, que sufre los factores anteriormente descritos con la subida de los costes de materias primas y, por ende, de producción.

Mientras el Gobierno, en un ejercicio de realismo, se ve obligado a rebajar de forma vergonzante unas previsiones económicas que mantenía contra el cálculo de los principales organismos económicos, se pone tras la pancarta sindical, la culpa de todos los males recae en la patronal. Es preciso esperar a los datos del paro de abril, pero la EPA del primer trimestre del año, con la destrucción de 100.000 empleos y un aumento del paro en 70.000 personas, no presagia nada bueno. Al tiempo que Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y brazo político de los sindicatos, anunciaba un nuevo Estatuto de los Trabajadores, y Alberto Garzón, titular de Consumo, poco más que llamaba a la huelga obviando que él es parte del problema y debería ser parte de la solución, los sindicatos, merced a su alianza interesada con el Gobierno, anticipan un 'polvorín social' llamando al Diálogo Social mientras se excluye por defecto del mismo a un sector empresarial clave en la creación de riqueza.