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La masacre que nunca termina

Ramiro González
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La nueva versión de 'La matanza de Texas' resucita el mito de Leatherface, un asesino que se ponía unas máscaras muy peculiares

La masacre que nunca termina

La productora Legendary, responsable de éxitos de taquilla como la nueva saga de acción de King Kong y Godzilla, se une a Netflix para traer de nuevo a la pequeña pantalla al mítico Leatherface y su terrible sierra mecánica. La matanza de Texas regresa con más fuerza que nunca, en una propuesta que es homenaje al original de Tobe Hooper, y al mismo tiempo una continuación que tiene un objetivo claro: intentar resucitar el mito para generar una nueva franquicia. Y como suele suceder en el cine de terror, lo fundamental de esta cinta no es que haya un tipo con muy mala leche matando adolescentes. Lo importante es lo que hay detrás de este festival de gore.

La historia es por todos conocida. En 1974, un grupo de jóvenes hippies se adentra en la Texas profunda y se encuentran con una familia de psicópatas enloquecidos, entre los cuales, se encuentra uno al que llaman Leatherface, debido a esa afición que tiene a cortar la piel de la cara de sus víctimas y ponérsela como una máscara. De este grupo de chicos solo sobrevive una joven llamada Sally Hardesty. Han pasado más de 40 años, y ahora, un grupo de pijos de ciudad que se dedican a la compra y rehabilitación de pueblos abandonados llegan a la zona de Harlow, Texas, el lugar donde ocurrieron los acontecimientos de la cinta original. Se encuentran con un pueblo casi abandonado, y este casi es fundamental. Porque cuando entran en el viejo edificio que utilizaban como orfanato, se encuentran viviendo allí a una anciana debilitada por la enfermedad… y a su cuidador. 

Una recuela

Este es el punto de partida de esta nueva película de matanzas, donde numerosos críticos en estos días han pinchado en hueso en sus análisis, diciendo que este Leatherface es el mismo de la cinta original. Ahí reside el error y tenemos que explicar por qué. Ahora mismo, la industria del cine y en concreto el de terror, está llevando a cabo un nuevo concepto de película, el de la recuela. La palabra se forma de otras dos, remake y secuela, es decir, películas que parten del esquema narrativo de una obra primigenia y que, al mismo tiempo, buscan crear algo totalmente nuevo. Esto es lo que se hace en esta nueva Matanza de Texas. El planteamiento es el mismo, pero Leatherface no. El origen del personaje en esta ocasión es diferente, y además, contiene un toque brillante de su guionista: está absolutamente emparentado con Psicosis, pues este personaje y el de Norman Bates se inspiran en un asesino real de los años 50 llamado Ed Gein, que mató a su madre y desollaba a sus víctimas.

Esta nueva Matanza no solo homenajea sus orígenes, sino que, además, hace una crítica brutal sobre la transformación antropológica a la que se está sometiendo a la juventud actual, inoculándoles ignorancia sobre su pasado y odio hacia el legado cultural occidental. Porque estos jóvenes, al encontrarse con este asesino, son incapaces de reaccionar, ya que no conocen la existencia de la muerte y de ese Mal puro y ancestral. Una cinta que tiene en su fondo un importante mensaje: dejemos de ser padres helicóptero y eduquemos de verdad a los chicos en la existencia de ese Mal. Una sensacional propuesta, que no es perfecta ni mucho menos en sus formas, pero que tiene un poderoso significado.