Asilados y 'menas' conforman los perfiles del albergue

Ana Martínez
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El encarecimiento del alquiler y la inexistencia de vivienda pública obligan a los usuarios a permanecer más tiempo en el Caipsh

El fenómeno del ‘sinhogarismo’ ha cambiado. - Foto: Luis López Araico

El pasado 7 de diciembre, 50 ciudades del mundo celebraron la noche del sinhogarismo, un fenómeno que ha cambiado con los años y la crisis y que nada tiene ya que ver con el antiguo transeúnte que buscaba este tipo de refugio cuando iba de paso. La llegada de las bajas temperaturas saca de la invisibilidad a las decenas de personas que duermen en la calle y ponen en el punto de mira las políticas sociales públicas que se ponen a su disposición.
Desde que fue inaugurado en el año 2002, el Centro de Atención Integral a Personas sin Hogar (Caipsh) de Albacete era noticia con la llegada del invierno y el dispositivo especial que ponía en marcha para flexibilizar los días de pernoctación a personas que vivieran a la intemperie, un operativo especial que también desarrolla coincidiendo con la llegada masiva de temporeros agrícolas entre primavera y verano.
Con el paso de los años, la crisis y los conflictos en muchos países, el perfil del Caipsh ha cambiado completamente y aquellos indigentes se han convertido en personas sin hogar o, lo que es lo mismo, ciudadanos que carecen de un espacio habitacional permanente para vivir, una realidad que se ha incrementado debido a tres factores fundamentales: la llegada de solicitantes de protección internacional y de menores extranjeros no acompañados -menas- que cumplen 18 años, el desempleo y, lo que es común a todos ellos, una pobreza sobrevenida y los cada vez más elevados precios del alquiler que les hace imposible acceder a una vivienda en condiciones, porque tampoco existe una política de vivienda pública con la que dar una solución a esta problemática social.
El mejor dato que demuestra un cambio de perfiles en el Centro de Atención Integral a Personas sin Hogar no es, curiosamente, el número de usuarios -que a cierre de 2019 será muy similar al del año anterior-, sino el incremento de menús en el servicio de cocinas, tanto de desayunos y comidas como de cenas, un aumento que demuestra que el albergue se ha convertido en un recurso de largas estancias para solucionar los problemas de habitabilidad de todo tipo de personas, tanto nacionales como extranjeras, tanto mujeres como hombres, tanto familias completas con hijos como  menores extranjeros no acompañados que al cumplir los 18 años tienen que abandonar los centros de menores. «Nunca ha habido tanta gente viviendo aquí», confirma a esta redacción el director del Caipsh, José Tendero.
A punto de despedir 2019, hasta el 30 de noviembre el albergue ha dispensado 3.386 desayunos, 1.858 comidas y 1.197 cenas más que en todo 2018, una muestra de la estabilidad e inmovilidad de sus usuarios y de la flexibilidad de esa norma que impedía permanecer en el centro más de tres noches seguidas: «Las normas y el modelo de intervención no han cambiado, pero sí hemos tenido que hacer frente a las dificultades que presentan los nuevos perfiles que se han ido incorporando a este recurso», significa Tendero.

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