"Tener una sonrisa cuidada dice mucho de nosotros mismos"

Ana Martínez
-
"Tener una sonrisa cuidada dice mucho de nosotros mismos" - Foto: Rubén Serrallé

El doctor Iván Malagón, conocido como "el dentista de los famosos", presentó su ópera prima 'Eres un crack' en la Biblioteca Pública del Estado.

No llegó a nacer en Albacete, pero vivió su infancia y adolescencia en esta ciudad -donde sigue residiendo toda su familia- hasta que decidió estudiar la carrera de Odontología. En Madrid montó su clínica, tuvo tres hijas y desde el aeropuerto de Barajas se desplaza todas las semanas a cualquier país del mundo para impartir cursos, charlas y conferencias, horas de avión que aprovecha para dejar sus impresiones en una libreta, pensamientos y reflexiones que acaban de ver la luz bajo el título Eres un crack, un libro que presentó ayer en la Biblioteca Pública del Estado de Albacete. Él es Iván Malagón, considerado uno de los 40 especialistas más relevantes de nuestro país. 
Para situarnos, ¿quién es Iván Malagón, popularmente conocido como el dentista de los famosos?
Iván Malagón es una persona muy inquieta que nació en Madrid hace 41 años y se crió en Albacete, de donde es mi familia. Estudié en Escolapios y pasé toda mi infancia aquí. Pronto me di cuenta de que necesitaba ciudades más grandes que me dieran más oportunidades, una visión más global de lo que yo creo que en la vida hay que disfrutar.
¿Qué relación tuvo en su infancia con la Biblioteca Pública del Estado en la que ha querido presentar su primer libro?
Disfruté muchísimo de Albacete. La gente con la que me relacionaba era mayor que yo. Mis padres me decían que mis amigos eran señores de 50 o 60 años con los que cambiaba sellos y monedas, me encantaba dibujar, tenía amigos en escuelas de arte… Fui alumno de Escolapios y del instituto número seis y tenía por costumbre venir a estudiar a la Biblioteca Pública del Estado; me aislaba mejor, encontraba mis rincones y podía consultar libros que me resultaban interesantes. Aquí disfruté de muchos momentos solo. Me gusta la intimidad, mi tiempo y mi espacio.
¿Cuándo se marcha en busca de esas oportunidades que mencionaba? ¿Escogió Odontología por herencia familiar?
No, en mi familia no hay médicos ni odontólogos, pero yo tenía vocación. Me encanta tratar a las personas. En principio quería ser médico y en el último momento me decidí por la Odontología, pues después de la Selectividad y analizando mis prioridades, me di cuenta de que podía hacer algo bueno por las personas si me formaba bien, que les podía dar algo tan importante como es una bonita sonrisa, con todo lo que conlleva de autoestima, seguridad personal, facilidad para relacionarse...
¿Tan importante es una buena sonrisa para el estado anímico?
Una sonrisa es lo más importante que podemos dar a los demás. Cuando el ser humano sonríe está mostrando mucho de lo que es, sus seguridades, sus carencias, sus limitaciones, su estima personal... Es una manera de abrirse a la gente. No hay manera más bonita de expresarse y, además, tener una sonrisa cuidada dice mucho de nosotros mismos.
Histórica es la creencia popular de que estos tratamientos para cuidar la sonrisa no están al alcance de cualquier bolsillo.
Eso es una creencia antigua. Es cierto que hace 20 o 25 años ir al dentista, cuando no te dolía un diente, era un pequeño lujo, porque efectivamente había muy pocos profesionales que tenían un monopolio, el control del mercado. Hoy en día esto ya no es así, hay mucha más competencia, tienes que ser muy bueno para satisfacer las demandas y, además, tienes que ser buena persona, tratar bien al paciente y tener unos precios muy razonables para ofrecer lo bueno que tenemos a todo el mundo. En la actualidad, los precios se han equilibrado muchísimo, de hecho son muy similares a lo que eran hace 25 o 30 años si hacemos la conversión de pesetas a euros. Evidentemente, la prevención es muchísimo más barata que el tener que corregir cosas que no hemos cuidado. Si vamos al dentista con una boca en la que tenemos que poner cinco implantes o dos prótesis y hacer muchos tratamientos, pues nos va a salir mucho más caro que si nos hemos cuidado desde el principio, nos hacemos nuestras revisiones anuales y dejamos que nuestro dentista nos dé supervivencia a todo el sistema masticatorio.
Sorprende de usted su juventud y el extenso currículum y trayectoria que acumula. Atender su clínica todas las semanas, dirigir postrados y másteres clínicos, escribir un libro… ¿Cuándo viene a Albacete? ¿Mantiene su relación con esta ciudad?
Toda mi familia vive aquí y yo en Madrid, donde tengo a mis tres hijas. Un hermano vive en Valencia y otro en Alemania y nos juntamos en Albacete un par de veces al año. Yo viajo muchísimo, doy conferencias por todo el mundo, casi todas las semanas estoy en sitios diferentes. En este último mes, por ejemplo, he estado en Chile, Ciudad de Méjico, en Los Ángeles, Varsovia..., y entre medias trabajando en mi clínica de lunes a jueves 12 horas diarias. Soy muy activo, me organizo muy bien mi día para intentar aprovecharlo al máximo. Pienso que la vida no hay que vivirla, sino aprovecharla. Cada día que me ofrece la vida es un regalo e intento dar lo mejor de mí mismo, no pienso en el día siguiente. En cuanto a mi trayectoria profesional, es fruto de mi inquietud y de mi pasión por lo que hago. Me encanta ver cómo la gente reacciona después de que consigamos unos resultados muy bonitos y naturales. Estoy muy orgulloso de ser el único odontólogo del mundo que ha conseguido la máxima categoría que se otorga a los ortodoncistas, la Diamond Doctor. Es como el balón de oro de fútbol. Este reconocimiento se otorga a los ortodoncistas que han tenido más repercusión internacional en términos de publicaciones científicas, trato de pacientes, cursos, participación en grandes congresos…
Sus días son de 28 horas y no de 24…
No es el escaso tiempo con el que contamos, sino lo que hacemos en el tiempo del que disponemos…
¿Y dispone de tiempo para escribir un libro?
Dispongo de muchas horas metido en un avión. He escrito este libro en la cantidad de horas que me paso en los aeropuertos y dentro de los aviones. Hace tres años contactó conmigo Roger Domingo, editor de Planeta en España. Me dijo que me había estado siguiendo por redes sociales y que quería tomar un café conmigo. Me pidió que le leyera lo que estaba escribiendo en mis libretas y cuando levanté la vista vi que estaba llorando. Para mí fue muy emotivo… Me dijo que le diera forma para plasmarlo en un libro y es lo que he hecho en estos tres últimos años.
Eres un crack.
Gracias... El título está dirigido a la persona que lo va a leer, es un homenaje a toda esa gente que se ha cruzado en mi vida, he intentado aprender de ella y la realidad es que las conversaciones con esas personas siempre acababan con un «muchas gracias, eres un crack». El libro es la manera de devolver todas las cosas bonitas que me han ido diciendo mis amigos, mis familiares, la gente que me ha escuchado en las conferencias, en un supermercado… He hablado con gente que estaba hundida, que no se reconocía el valor que yo les veía. Les decía que despertaran, que se miraran al espejo y  que se amaran.
Empoderar, autoestima, triunfos, logros... No siempre es fácil.
Basta con sentirse feliz con lo que te ha dado la vida y la naturaleza. Todos tenemos unas fichas que debemos jugar lo mejor posible. Si en un momento dado yo hubiera querido ser tan bueno cantando como Frank Sinatra, probablemente me hubiera frustrado. Tenemos que hacer una tarea de introspección, sentarnos con nosotros mismos, meditar muy bien qué sabemos hacer mejor que los demás, porque estoy seguro de que cada uno de nosotros nos diferenciamos de los demás en algo que podemos aportar y que es bueno para el resto del mundo. A partir de ahí solo hay que fomentarlo y crear nuestra mejor versión para que sea útil.
Dicen de usted que es dentista, inquieto y vagabundo inconformista. Esto último puede entenderse, pero ¿vagabundo?
Me encanta lo de sentirme vagabundo. Cuando empiezo a sentirme cómodo en algún ámbito me salgo. Cuando hablo de vagabundo inconformista es que me quiero sentir incómodo, es la mejor manera que tengo para crecer. Cuando estoy en alerta, en tensión, es cuando mejor desarrollo y cuando mi instinto se mueve mejor. Lo de vagabundo viene porque soy muy nómada, me gusta moverme, disfruto de muchísimas ciencias, he aplicado la arquitectura y el diseño dentro de mi profesión. Igual que no me gusta que me llamen odontólogo sino dentista, porque suena como mucho más tradicional, me gusta sentirme un vagabundo de la vida.
¿Esta hiperactividad ha sido la clave, el secreto, si es que lo hay, de haber alcanzado ese éxito internacional  tan llamativo en tan pocos años?
Puede llamar la atención, pero yo lo veo normal. Las cosas suceden si una persona disfruta con lo que hace, se entiende a sí misma y tiene ganas de hacer las cosas bien y, por supuesto, le dedica muchísimo esfuerzo y sudor, sabiendo también que puede que haya mucha más gente que como yo puede tener los mismos sueños y, por tanto, yo tengo que hacer más para conseguirlos. Al final nada es casual y no debemos envidiar la parte que se ve del éxito, sino todo lo que hay por debajo y por detrás para conseguirlo. 
¿Le gusta que le reconozcan como el dentista de las estrellas?
No, no me gusta. Eso me lo reconocen, no es cosa mía, es cosa de los medios de comunicación, porque es cierto que trato a mucha gente famosa y conocida del mundo del deporte, del arte, actores, actrices, presentadores…, y ellos valoran mucho nuestro trabajo. Me gusta dar la mejor sonrisa que tiene cada uno de mis pacientes, no reproducirlas sino conseguir armonía y simetrías, siempre contando con la personalidad de cada uno. Dicho esto, yo trato a muchísima más gente que no son conocidos ni famosos y que se merecen el mismo respeto.
¿Tenemos los españoles una buena salud bucodental?
En los últimos años, la sociedad española está entendiendo la necesidad de cuidar la boca y las estructuras que la componen. La educación para la salud es mayor, tenemos más información, esta más accesible y ya no pensamos que al dentista se va con dolor, sino que tenemos que prevenir para que no sucedan cosas peores en el futuro. También la estética está siendo muy importante. La gente ya comprende lo importante que es tener una sonrisa bonita y saludable. Sobre todo personas por debajo de los 40 años, por encima de esa edad todavía les cuesta mucho porque le quedan fobias de lo que ha supuesto el dentista, la ansiedad que generaba… Pero hoy en día al dentista se tiene que ir sin dolor y, por supuesto, sin sufrimiento. La tecnología está avanzando muchísimo y la formación de los odontólogos también como para entender que hoy en día al dentista no se va a sufrir.
No me gustaría terminar la conversación sin preguntarle por su proyecto social Sonrisas con alma. ¿En qué consiste y dónde se desarrolla?
Esto es probablemente lo más bonito que me ha pasado a nivel profesional. Siempre me he sentido en deuda con lo que la vida me estaba poniendo delante, he intentado aprovecharlo, pero aún así me he sentido en deuda. Hace pocos años consideré que debía devolver lo que yo estaba disfrutando y quise formar una fundación con mi nombre. Es una fundación muy pequeña porque yo quería tener el control sobre ella, de forma que selecciono a los niños desfavorecidos de la Comunidad de Madrid, no me tengo que ir a Nepal para ver a niños sin recursos. He visitado personalmente los barrios habitados por familias con menos recursos, entre ellos, La Herradura, un barrio grande de etnia gitana. Me he metido allí, he ido seleccionando a los niños, he visto cómo viven y cuáles son sus carencias. Quería estar en la Fundación Iván Malagón para controlar su crecimiento y hasta el último euro que alguien pueda aportar. De momento vemos entre 20 y 30 niños al año nada más, porque lo hacemos nosotros mismos, no delegamos en nadie. Lo que me ha aportado esta Fundación y, sobre todo, los niños que han venido a mi clínica, ha sido muy grande, he llegado a llorar de alegría por lo que me aporta esta gente, por supuesto muchísimo más que si me llegaran a pagar con dinero.
¿Qué tipo de tratamiento les aplican a los beneficiarios?
Lo que necesitan dentro de cualquier cuidado dental, desde el arreglo de unas caries hasta una ortodoncia completa, reemplazo de piezas perdidas, limpiezas..., lo que necesite cada niño para tener una salud bucodental adecuada. A las familias no les cuesta nada, la Fundación se nutre de mis propios fondos, hago un diagnóstico inicial, una planificación de tratamiento y hay niños que en dos meses están terminados y hay otros con los que estamos trabajando dos años o dos años y medio. Una vez que se les da el alta, entra otro cupo de niños para que se puedan favorecer del programa, porque además de darles salud, les estamos dando educación y esto también es muy importante. A partir de ahí, ellos tienen que cuidar aquello que se les ha regalado y además tienen que dejar sitio a otra gente que también lo puede necesitar.