PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Agradecido a las borrascas

26/11/2020

Nieblas, espesas brumas y nubes cenizosas pegadas a las faldas de Altomira fueron mi paisaje durante bastantes días de esta nueva estancia en la cabaña montaraz que este año se ha convertido en mi habitual residencia. Las tierras pardas y los montes rezumando humedad recibían una lluvia mansa y continua que empapaba el espacio y velaba el horizonte. No diré que estuve solo porque desde que llegó tropezándose con sus propias patas el Thorin llena de compañía la cabaña y de sus perrerías de cachorro los días.
Algunos días con sus noches rugió el viento arrebatando el bosque, revolviendo las encinas y sacudiendo con ferocidad todo lo que del suelo se atrevía a sobresalir fuera hierba, matojo, arbusto, planta o árbol, con particular encono sobre aquellos de altos troncos y frondosas copas. El agua, a su compás, cayó en furiosas rachas y las cortinas de agua corrían alocadas por las sierras.
Un atardecer, la tempestad acabó de atravesar los cielos y los dejo limpios en la noche. Pude ver el frío brillo de las Tres Marías, y la primera raya iluminada de una luna naciente y tendida.
Algunos días se asomó el sol y hasta incluso se atrevió a calentar la tierra y sacarle colores azules al cielo, verdes a los montes y rojizos a los labrantíos. Durante ellos campeamos por el bosque mullido y blando, perdida su seca aspereza y nos asomamos a los cerros por ver si se arrancaban las perdices.  Se arrancaron y el Thorin hizo sus primeras armas. Oímos juntos cruzar hacia el sur a las últimas grullas y en un ribazo nos sorprendió una codorniz tardía a la que se le había olvidado hacer el viaje de vuelta hacia sus Áfricas. Las piaras de jabalí dejan sus sendas y hocicadas en los sembrados  blandos donde empiezan a brotar verdes de mies recién nacida.
 Confieso con enorme satisfacción el no haber puesto la televisión ni un solo día, pero sí haberlos visto amanecer a todos. Una de las más hermosas cosas que me han sucedido en estos tiempos de tribulación es el haber recuperado por entero el hábito cotidiano de la lectura y el gusto por acariciar el lomo de los libros que ya formarán parte de mí. Alguno también me ha servido para encender la chimenea, pero me guardaré su título ya que quizás las otras quinientas páginas, no pude pasar de la quince, fueran una maravilla que me he perdido. He leído los periódicos, soy del plan antiguo, aunque reconozco que salvo excepciones he estado obligado a traicionar el papel por la pantalla. Lo he hecho entre la obligación, muchas veces penosa, de informarme y la devoción de algunas firmas. Por lo mismo que he puesto la radio y escuchado algunas voces. Lo imprescindibles y con prevención, no crean.    
 Me traje en el macuto lo escrito y lo leído. Un nuevo libro que no es novela, hasta ahí puedo leer y ustedes si todo va bien en primavera, le queda muy agradecido a las borrascas pasadas y al silencio de los humanos ruidos. Un esbozo y una idea que acabó de germinar se ha venido también conmigo y regresaremos juntos, con una ristra de deberes, documentos y lecturas, a plantarla y cultivarla. Y esta si será novela y habrá frontera, tierra y Castilla.