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La Junta rechaza la ley por su desconocimiento del medio rural

Javier D. Bazaga
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El vicepresidente regional, José Luis Martínez Guijarro, fue contundente al considerar que el texto «rezuma un desconocimiento absoluto del estilo de vida y las necesidades del medio rural»

La Junta rechaza la ley por su desconocimiento del medio rural - Foto: David Esteban

El vicepresidente del Gobierno de Castilla-La Mancha dejó claro en todo momento que el escrito que la Junta ha enviado al Ministerio de Derechos Sociales rechazando el anteproyecto de Ley de Bienestar animal «es muy duro». Y lo es porque «es una ley hecha desde un despacho con un planteamiento urbanita» que, además, «rezuma un desconocimiento absoluto de la realidad del medio rural». Así de contundente se mostró José Luis Martínez Guijarro con un texto que, ante algún comentario, aseguró que «sí nos hemos leído» y que «no nos gusta en absoluto».

Tres elementos clave. Con tres argumentos justificó ese rechazo: el competencial, el presupuestario y el de las medidas generales para todos los animales, que en el campo son algo más de lo que se entiende en la ciudad como animales de compañía.

De este modo, Guijarro consideró que el texto del Ministerio «va más allá» de las competencias que se le atribuyen, y que se limitan a una armonización normativa, «e impone por ley decisiones y medidas que corresponde a las comunidades autónomas». «Se excede con mucho las competencias que tiene, y no puede esconderse detrás de la actividad económica», criticó.

La Junta rechaza la ley por su desconocimiento del medio ruralLa Junta rechaza la ley por su desconocimiento del medio rural - Foto: David EstebanEn el lado presupuestario fue igual de tajante: «Si impones obligaciones tienes que asumir el coste que tienen esas obligaciones». Algo que no hace el departamento que dirige la ministra Ione Belarra, ya que implica la construcción de centros animales o el cuidado de colonias felinas que no acarrean ningún tipo de financiación.

Por último, en lo que consideró el «ámbito subjetivo», cree que «no se puede tratar igual a todo tipo de animal» cuando en el medio rural los hay que realizan otro tipo de funciones más allá de la mera compañía, como las labores de pastoreo, caza o guarda de fincas. Puso como ejemplo la prohibición para la cría si no es por medio del registro en esta actividad económica, y defendió que se pueda realizar ya que son los que mejor pueden hacer esa cría «mejorándola por selección natural» con sus propios animales, dijo. O la limitación de actividades para los animales hasta los 18 meses de vida, cuando las labores de pastoreo o caza necesitan de un aprendizaje desde temprana edad. La Ley no considera así las características particulares de las tareas de los perros, hurones, reclamos de caza, aves de cetrería y todos los utilizados en la actividad cinegética «que no tienen por qué tener consideración de animales de compañía», por lo que estimó que deberían estar excluidos del ámbito de aplicación de esta norma.

De este modo, y notablemente molesto con este anteproyecto de Ley de Bienestar animal, Guijarro rechazó una ley que «regula el bienestar animal desde una visión urbanita que no tiene en cuenta ni el estilo de vida ni las necesidades del medio rural, y que rezuma desconfianza de este medio rural».

Es por eso que el informe remitido al Ministerio –de 16 páginas y firmado por el vicepresidente– «es muy duro con esta ley porque rechaza el estilo de vida del medio rural».