«Solo los que están enfermos son inmunes al dolor»

Oana Mosniagu
-

Nacido en 1937 en Asturias, el padre Ángel fundó la Asociación Mensajeros de la Paz para integrar a los colectivos más vulnerables, a la vez que ofrece ayuda y cobijo a las personas sin hogar en su parroquia en Madrid

«Solo los que están enfermos son inmunes al dolor» - Foto: Twitter @Padre__Angel

El padre Ángel, optimista y confiando en el ser humano, en su generosidad y solidaridad, asegura en su nueva publicación, Un mundo mejor es posible (Alienta Editorial), que el mundo está mucho mejor y que lo estamos haciendo entre todos.


Cuenta en su libro que el mundo está mucho mejor. Yo soy de las pesimistas: me parece que hay más desgracias que nunca, simplemente tenemos más recursos para combatirlos. ¿Me equivoco?
Depende de cómo se quiera ver la botella, medio llena o medio vacía. Pero uno ve siempre la botella más bien medio llena. Es cierto que siguen habiendo desgracias, pero menos de las que había hace 200, 50, incluso 20 años atrás. Hoy se prevén mucho más esos problemas. Por ejemplo, en las minas mueren muchos menos mineros que antes. En accidentes de tráfico este año han fallecido, creo, 100 personas menos que el año pasado. El mundo va mejorado, se está haciendo mejor, y eso lo estamos haciendo entre todos.


Parece que hay más solidaridad, que somos más sensibles al sufrimiento. ¿Cree que las redes sociales tienen algo que ver en esto? 
Yo creo que sí. Hay que ver lo positivo de las redes sociales. A veces nos entristecemos o conmovemos con lo que vemos, pero también podemos llegar a ayudar a muchas más personas. A nadie se le ocurriría decir que dejar de ser analfabeta es algo malo. Al contrario, gracias a que casi todos sabemos leer y escribir, el mundo es mucho mejor. Con las redes sociales igual, podemos hacer muchos más trabajos sociales con los demás. ¡Benditas sean las redes sociales!


¿Ver la muerte de cerca y seguido fortalece al espíritu? ¿Puede alguien llegar a ser inmune al dolor?
Inmune al dolor creo que solo pueden llegar a ser aquellos que están enfermos. No podemos llegar a ser inmunes ni a nuestro dolor ni al de los demás. Pero bien es cierto que cuando uno se conciencia de las grandes desgracias que hay en el mundo, entiende que a veces damos demasiada importancia a las cosas pequeñas. Hay que saber valorar correctamente las cosas y darles el valor que realmente tienen. Las más importantes son la generosidad, la solidaridad, estar cerca del que sufre, pero también alegrarse con el que está contento.


¿Al ser humano le cuesta creer que un semejante suyo hace algo bueno sin ningún interés oculto? ¿Somos desconfiados por naturaleza? 
No. Creo que por naturaleza somos confiados. La desconfianza aparece a veces cuando somos adultos y pensamos mal del otro. Pero hay que confiar en la gente y generalmente lo hacemos.


¿Hay algún líder político o persona relevante que le prometiera ayuda para Misioneros de la Paz y que no cumpliese con su palabra?
Hay alguno que tardó en cumplir. Y hay otros que prometen y después no lo ejecutan, pero no porque no quieran, sino porque a veces les es imposible. Porque garantizaron lo que sabían que no iban a hacer. Por eso pedimos que se vayan a su casa cuando no cumplen.


Opina que nuestros hijos y nietos no comprenderán por qué no hemos acogido a los refugiados. Que nos avergonzaremos de ello igual que de los campos de exterminio. ¿Le parece que los gobiernos actúan como un Hitler del siglo XXI? 
Sin duda. Esto es compararse con aquellos políticos que no solamente dejaban a las personas morir, sino que también las exterminaban. Lo que pasaba es que meter a nuestro padre o nuestro tío en un camión y llevarles para que les fusilen parece que es de película y fue de verdad. Nuestros hijos y nietos, cuando se enteren que hemos dejado morir a los hombres, a las mujeres y a los niños en los mares, o que no les hemos acogido, no lo entenderán. ¡Es una vergüenza! En palabras del Papa Francisco y en palabras de cualquier ser humano. Lo han dicho y yo lo he escuchado con mis propios oídos en el Congreso de los Diputados, desde Rajoy a Pablo Iglesias, que ¡nos avergüenza llamarnos europeos por lo que no hacemos por los refugiados!


La acogida de refugiados o las políticas de inmigración van en detrimento de estas personas ¿por un problema real de «infraestructura»? ¿Por qué no se cumplen los acuerdos de acogida? ¿Realmente no cabemos todos en Europa o es cuestión de votos?
Es cuestión de falta de voluntad política. A veces, de ser demasiados cobardes. Si alguien tiene un puesto en la administración, lo tiene que ejercer. Nosotros hemos elegido a nuestros gobernantes y a nuestros políticos para que resuelvan los problemas, no para que digan «¡Resolvedlo vosotros!», como a veces han asegurado, ni preguntar «¿qué harías tú?». Les hemos votado para que arreglen estos problemas. Hemos visto que con voluntad se hacen carreteras e incluso se llega a la Luna.


Aún hay 72 países en el mundo donde no ser heterosexual es un crimen, y en algunos sitios, castigado con la muerte. Visto desde España parece terrorífico, y lo es. Si pudiera hablar a la vez para todas esas personas que no llegan a entender que solo se trata de amor, ¿qué les diría para intentar hacerlas comprender que están equivocados?
Primero, que la Iglesia dice que todos somos hijos de Dios y fruto del amor de nuestros padres, no de sus pecados. Y segundo, les diría lo que tantas veces señala el Papa Francisco, que hay que ponerse en los zapatos de los demás. A veces no hay que ir solo a esos 72 países. En nuestra propia España, en nuestro propio Madrid hemos visto cómo han insultado, atacado o vejado a algunas de estas personas.


Imagine que estamos al principio de todo y que Dios primero creó a Eva y luego a Adán a partir de una de sus costillas, y que así queda constancia en la Biblia. ¿Habría sido algo diferente de lo que es hoy para las mujeres?
No sé si hubiera creado primero a Eva y después a Adán. Lo que si sé es que la primera Iglesia de Jesús fue de mujeres. La nuestra de hoy sigue siendo de mujeres aunque el poder de ejercer el sacerdocio todavía no ha llegado. Pero yo estoy seguro que igual que nos avergonzamos de que en el pasado las mujeres no pudieron votar o tener una cuenta corriente y ahora lo vemos como una cosa natural, en algún momento nos avergonzaremos de no dar hoy a las mujeres la misma dignidad que estamos pidiendo para los hombres. Pero aún así, hemos conseguido avanzar muchísimo en este sentido.