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Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


La clave andaluza

22/06/2022

Nunca sabremos si hubiese cambiado algo el resultado del PSOE en Andalucía si el candidato en lugar de Juan Espadas hubiese sido Susana Díaz o cualquier otro más de nueva hornada que, sin embargo, hubiese calado más hondo en el otrora indiscutible granero de voto socialista. Lo cierto es que Juan Espadas no ha tenido repercusión en las profundidades de la sociedad andaluza más allá de los límites sevillanos donde sí que es conocido. Su derrota consolida lo que era impensable hace muy pocos años: que los andaluces pudiesen conocer algo diferente a un gobierno socialista. Lo del PSOE allí iba camino de convertirse en una suerte de régimen en el que la oposición jugaba invariablemente un papel decorativo y de comparsa en una democracia previsible.
Juanma Moreno, sin embargo, ha conseguido pasearse durante los días de campaña pasados con un aura institucional como si llevara veinte años en el palacio de San Telmo, como si lo del PP en Andalucía, hasta hace nada eterno perdedor y eterno segundón, fuera algo acostumbrado, típico y lógico. Esa es la magnitud del cambio. Ahora el PSOE tendrá que afinar mucho para recuperar un territorio que parecía tener en propiedad inembargable. El cambio se ha consolidado. La Andalucía de junio de 2022 está tan abrumadoramente dominada por el PP como en los años ochenta lo estaba por el PSOE, en la época más gloriosa del socialismo andaluz en la que decir Andalucía era decir PSOE, hasta el punto de convertirse en una suerte de régimen político inexpugnable. Por ello la envergadura del cambio es descomunal, solamente comparable a otros que se están viviendo en la arena política en estos últimos años en los que lo más improbable acaba tomando curso legal y real.
De momento a Alberto Núñez Feijóo le están saliendo las cosas bien de cara a sus planes de conquistar el gobierno de España, y con las elecciones andaluzas, y la victoria absoluta de Juanma Moreno, da un espaldarazo a la versión más centrista del PP, que él mismo representa, y calla a los que pronostican un ineludible pacto con Vox si quiere tocar poder en cualquier de las batallas próximas que se avecinan. El experimento de Macarena Olona no le ha salido demasiado bien al partido de Santiago Abascal, quizá porque ella misma ha transitado por los caminos de la excesiva impostación hasta ofrecer un producto ajeno a la Andalucía real y cotidiana, algo así como si un sevillano se comprara unas castañuelas en una tienda para turistas. Pero el desbarajuste total ha sido el del conjunto de la izquierda, fragmentada, dividida en trozos, incapaz por primera vez de conectar con esa Andalucía profunda del paro y la precariedad que siempre fue su feudo más inexpugnable.
Al final la clave de las elecciones andaluzas se aclarará  cuando sepamos si es el  preludio de una nueva mayoría política que lleve a Alberto Núñez Feijóo al Palacio de la Moncloa y saque de allí a un Pedro Sánchez que desde luego no está en su mejor momento, con unos indicadores económicos que ya están poniendo los pelos de punta a muchos españoles, y una aritmética parlamentaria desquiciante. Cada vez son más los barones dentro del PSOE que sueñan un partido reconstruido y sin atajos que siempre pasan por el peaje cobrado por  podemitas e independentistas. Un partido socialdemócrata capaz de construir mayorías por sí mismo y más proclive al acuerdo con el otro gran partido de la Constitución. Por paradójico que parezca, lo ocurrido en Andalucía es una demostración de que esto es algo que sigue siendo posible, también para el PSOE, como ya ocurre en Castilla-La Mancha.  
Lo cierto es que la tendencia de los nuevos partidos es clarísima y su dirección conduce invariablemente hacia la nada. Ciudadanos es un cadáver viviente, certificado en las elecciones andaluzas; Podemos, un invento agotado a la espera de la refundación incierta de Yolanda Díaz, y Vox parece perder fuerza en el empeño de estar en la retaguardia del PP. Si el bipartidismo no volverá tal y como era, sí parece claro que los españoles, quizá guiados por la decepción y la apuesta sin entusiasmo por el mal menor, vuelven su vista de nuevo a los viejos transatlánticos de la política española para que sigan siendo los ejes de la nave en la que hemos realizado un exitoso viaje de cuatro décadas, y no parece que en este momento Pedro Sánchez esté en condiciones de seguir siendo el capitán de ese PSOE ganador que tenía en Andalucía una reserva de votos que siempre garantizaban un sólido cimiento para crecer en el resto de España.