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Elena Serrallé

Elena Serrallé


Chanel número 1

18/05/2022

Posiblemente mi punto de vista no sea el de una entendida eurofan, tampoco el de una experta en calidad vocal o el de una profesional de la danza, muy posiblemente, pero lo que hizo Chanel el sábado pasado en el certamen de Eurovisión fue mucho más que una interpretación sublime, siempre desde mi humilde opinión. Fue mucho más que una coreografía perfectamente ejecutada o aquello que me parece tan imposible de levantar la pierna hasta las nubes y cantar simultáneamente sin jadear como si te persiguiera una manada de lobos. Lo que Chanel hizo fue ponerse a prueba a ella misma, desoír las críticas mediocres que ya la habían crucificado y los comentarios hirientes que ya la habían vapuleado. Lo que nos regaló fue una demostración de que, con tesón y actitud, lejos de menguar, puedes brillar y hacerlo tan fuerte que callas todas esas bocazas tóxicas que no aprecian el talento y esa chica, está sobrada de talento. El zasca perfecto, el que se otorga desde el trabajo y el afán de superación.
Disfruté con su intervención, me hipnotizó desde principio a fin, me quedé con ganas de más, me contagió una fuerza brutal y me gustó que representara a mi país. El guiño de lucir abanico me pareció un gesto precioso de homenaje a nuestra esencia hispana.
Así que te aplaudo, Chanel. Apostaste por ti y ganaste. No es fácil hacer sobre un escenario lo que tú hiciste. Pisaste con garra, bailaste con pasión y cantaste con emoción y a esta eurofan de medio pelo le arrancaste un «olé» al terminar tu impecable exhibición.