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Javier López-Galiacho

Javier López-Galiacho


La ovación de la esperanza

26/10/2021

Este mismo otoño juanramoniano que envuelve en su amarilla dulzura el claro sol poniente, nos trae, por estos días, los premios Princesa de Asturias. Uno de los grandes acontecimientos internacionales del reconocimiento individual y colectivo que se celebra anualmente en ese templo cultural que es el Teatro Campoamor de Oviedo. He tenido la suerte de vivir en directo estos premios. 20 años atrás, el tío de mi mujer, autoridad internacional en Derecho romano, don Juan Iglesias, recibió el Premio, entonces Príncipe de Asturias, a las Ciencias Sociales. La categoría de estos premios ha ido creciendo exponencialmente, gracias también al impulso de la sociedad civil asturiana que los avala e impulsa. La Fundación que los concede ha estado presidida por honorables asturianos como Álvarez Rendueles, Rodríguez Inciarte y ahora por una figura de la oftalmología mundial como es el profesor Fernández-Vega Sanz. Luis dirige ese centro de referencia internacional que es el instituto oftalmológico de la familia Fernández-Vega. En mi etapa en la dirección del Colegio Mayor de San Pablo en Madrid descubrí el talento extraordinario y la bonhomía de su hijo Luis, quien junto a su hermano Andrés y sus primos, aseguran una larga vida de prestigio a esta saga de excelentes oftalmólogos. Desde este diario les llamé un día «jardineros de nuestros ojos». Los Vega y su equipo (entre otros los excelentes doctores José Alfonso, Amhaz Hussein y Pilar Quiroga), conocen el trasfondo del ojo, pero también saben de lo humano. Este pasado viernes, Luis Fernández-Vega abrió el acto de entrega de los Premios Princesa de Asturias citando al escritor Julio Cortázar: «La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose». Y estos premios son en sí mismo un canto a esa esperanza que representa enaltecer y honrar a los mejores. Esta edición ha sido muy emotiva. El equipo de científicos desarrolladores de la vacuna contra el Covid recibía el premio a la investigación científica con todo el Teatro Campoamor puesto en pie. Era el aplauso de la vida. La ovación de la esperanza.