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Antonio García

Antonio García


Gestiones

24/01/2022

Al exduque Urdargarin le han pillado con otra y ha declarado a la prensa: «Es un dificultad que gestionaré con la familia» No dice que lo vaya a tratar, hablar o afrontar con la familia, sino que lo va a «gestionar».
Antiguamente uno gestionaba los negocios o las empresas. Hacer unas gestiones significaba ir al notario, al banco, a sacarnos el pasaporte, es decir cosas de papeleo. Luego llegaron los psicólogos y los gurús de autoayuda y se apropiaron del vocablo para referirlo a las emociones. De este modo hemos convertido al ser humano en una suerte de negociado, una empresa con sus altas y sus bajas que cotiza o no según sus recursos para salir de una crisis sentimental, depresiva o existencial. Por supuesto esos conflictos no se solucionan solos sino que se requiere una batería de «estrategias», «destrezas» o «habilidades sociales» para que ese accionista único triunfe en sociedad. Y esas acciones no se realizan, ejecutan, desempeñan o se llevan a cabo, sino que se «implementan», para ascender de categoría a una actividad que a lo mejor consiste en tomarse una pastilla. Habrán oído también -y nos lo ha recordado Pérez Henares- que estamos rodeados de «resilientes», que no son, como parece a primera escucha, los residentes en una comunidad o concursantes de Un, dos tres. Son los que a fuerza de gestionar emociones, implementándolas con destrezas sociales, afrontan una situación crítica (iba a escribir «escenario»), que si es una pandemia se resuelve batiendo palmas. Y no diré nada de la «zona de confort», porque me he quedado sin espacio. Todas estas hinchazones de la lengua son muy útiles para detectar besugos, así que si usted se cruza con alguien que les habla así no gestione nada con ellos. Huya.