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¿Quién compró el viñedo de José Luis Cuerda?

Francisco J. Martínez
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El bodeguero Carlos Moro se enamoró de la propiedad que el cineasta albacetense poseía en la D.O. Ribeiro, de la que asegura que «es una joya por su terruño»

¿Quién compró el viñedo de José Luis Cuerda?

A bote pronto, poco tienen que ver las extensas llanuras manchegas con los montes frondosos gallegos. Una de las pocas conexiones existentes es que en ambos territorios se elaboran vinos desde tiempos inmemoriales. Pues ese hilo conductor llevó al director de cine José Luis Cuerda a ser dueño de una bodega situada en pleno corazón de Galicia, concretamente en Cubilledo-Gomariz, en el valle del río Avia. Allí, el cineasta plantó a partir de 2002 las variedades autóctonas de treixadura, albariño, loureiro y godello para hacer, según el propio Cuerda «un vino que no emborracha» -contaba que en la inauguración de la bodega hubo 200 comensales y se bebieron 218 botellas-. Hasta su muerte fue su capricho y elaboró vinos de alta gama bajo la Denominación de Origen Ribeiro. «Quiero tener una viña y lo que me preocupe es que el vino sea el mejor posible y pasarlo aquí bien», argumentaba el albacetense.

La bodega tenía su raigambre, ya que estaba formada por un caserón del siglo XVI y nueve hectáreas de viñedo, que ya pertenecieron a los monjes del monasterio de Oseira y, posteriormente, a los de San Clodio. De estos últimos, Cuerda escogió el nombre para crear su vino. Y es que Cuerda se vio atraído porque el valle del Avia «tenía fama de hacer el mejor blanco de Ribeiro».

A su muerte, sus herederos sacaron la bodega a la venta y despertó el interés de uno de los bodegueros de más prestigio de España, Carlos Moro, propietario de Bodegas Familiares Matarromera, con presencia ya en las D.O. de Ribera de Duero, Rueda, Toro, Cigales, Rioja, e incluso Ribeiro, y llegó a un acuerdo para comprar la propiedad. La operación sumó su décima bodega a su elenco.

¿Pero qué es lo que realmente enamoró a Carlos Moro de la bodega de José Luis Cuerda? El propio Carlos Moro manifiesta que «es el momento del Ribeiro y esta Bodega es una joya por su terruño: Diferentes variedades autóctonas, su suelo 'sabrego', la disposición de los viñedos en sucalcos y laderas suaves que favorecen el mayor grado de isolación de la vid, favorecen que sus vinos alcancen lo más alto de la pirámide de la calidad».

El bodeguero parte de una base firme que permitió que Sanclodio se convirtiera en pocos años en un vino de referencia del Ribeiro. Los viñedos fueron plantados en unas fincas dedicadas a la vid desde el siglo XV y poseen un potencial que «se recoge en bodega por un equipo humano de alta cualificación técnica y sensibilidad vitivinícola que continuará en esta nueva etapa con el mismo talento, pasión y compromiso que hasta ahora».

La apuesta de Carlos Moro es franca, según sus propias palabras: «Nuestro objetivo en esta bodega es apostar por estas elaboraciones de vinos blancos de uvas autóctonas propias que destaquen por su elegancia y sutileza, que transmitan frescura, delicadeza y que contribuyan a seguir aportando fama y reconocimiento internacional a la Denominación de Origen cuya especialización y calidad de sus vinos no deja de superarse día a día».

De esta forma, el sueño del albacetense José Luis Cuerda no sólo pervivirá en el tiempo, sino que será potenciado y se le augura un futuro muy prometedor. En el caserón no descansan ya los premios Goya, pero seguro que cuando ya esté bien entrado el mes de septiembre entre las vides se seguirá oyendo el tradicional aturuxo, que marca el final de la vendimia.