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Tener gol... o encontrárselo

Diego Izco (SPC)
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Mientras el pulso entre artilleros como Lewandowski y Benzema ya está servido, otros como Vinícius o Pedri tuvieron que aprender el oficio. Ander Herrera, el regreso de un centrocampista especial

Tener gol... o encontrárselo - Foto: Enric Fontcuberta

Acudiendo al tópico de los debates: «El goleador, ¿nace o se hace?». Sostiene la mayoría que es algo innato, que hay futbolistas con ese don, el de aparecer siempre en el lugar donde se generan las ocasiones... y, además, las materializan. Porque también los hay oportunistas del tiempo y el espacio, pero no del gol, los «qué bien se mueve», pero «qué pena que falle tanto». El artillero nato no falla. Y estamos ante un duelo espectacular en la especialidad del 'nueve', el de Lewandowski y Benzema. El polaco ya es el faro ofensivo de un Barça que había olvidado cómo atacar: de nada sirve un puñado de buenas intenciones si no hay nadie capaz de convertirlas. El francés, cuando más sufría el Real Madrid, salió al rescate del equipo con el primer doblete del curso, uno de cazador y otro de pillo, sin piedad del jugador (Cabrera) vestido de portero: lleva 327 tantos como merengue y nunca había marcado de falta... 

Pero hay otros que deben aprender el oficio. Y son alumnos aventajados, geniales, que terminarán haciéndolo. El año pasado explotó Vinícius, el que todo lo fallaba, y se convirtió en un realizador habitual capaz de abrir, cerrar o sentenciar partidos. El domingo pasado fue el que marcó la senda de la victoria. En el Barça, otro 'torpe' en la senda del gol era Pedri: un genio hasta el último instante, el de chutar. Ya sabía regatear, aprendió a llegar por sorpresa y ahora, a anotar: ha necesitado 76 encuentros para marcar 10 dianas, lo que Iniesta alcanzó en 141 duelos. 

Vuelta a casa

Quedan pocas horas para el cierre del mercado de verano y ya se ha producido una buena noticia 'global' para nuestro fútbol: la vuelta de Ander Herrera, que deja París para llegar a Bilbao. A LaLiga suelen llegar muchos futbolistas, pero pocas 'personas'; fichan a muchos 'listos', pero llegan pocos inteligentes. Y el bilbaíno encarna la personalidad de ese jugador comprometido con su profesión y con la sociedad en la que vive, con los pies en el suelo y la cabeza muy bien trabajada.