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Concepción Arenal y Victoria Kent rompen el rol tradicional

A.D.
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La conferencia Entre el género y el delito. Mujer y prisión, cerró en la Casa de Cultura José Saramago el ciclo La historia no contada, con la intervención de Beatriz López Lorca, profesora de Derecho Penal en la Facultad de la UCLM

La profesora Beatriz López Lorca. - Foto: José Miguel Esparcia

La conferencia Entre el género y el delito. Mujer y prisión, cerró en la Casa de Cultura José Saramago el ciclo La historia no contada, con la intervención de Beatriz López Lorca, profesora de Derecho Penal en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha, UCLM. 

¿La elección del tema para la conferencia obedece a su especialidad, Derecho Penal?

Eso es, dentro del Derecho Penal desarrollo varias líneas de investigación y una de ellas, con la que llevo ya muchos años, es el Derecho Penitenciario, una disciplina que tiene muchas dimensiones, una de las que enfoco siempre, es desde la protección de los derechos humanos y desde la perspectiva de género que, dentro del ámbito penitenciario, digamos que no está del todo consolidada. La perspectiva de género en muchas materias jurídicas es una asignatura pendiente, desde el punto de vista práctico y doctrinal.  

¿También hay desigualdades en el tratamiento en prisión?

Cuando uno se aproxima al ámbito penitenciario, en realidad hay un principio base, el de igualdad, reconocido explícitamente en prisión. Da igual que sea hombre o mujer porque el tratamiento en el ámbito penitenciario es el mismo, lo que sí ocurre es que la posición de la mujer, que es muy minoritaria cuantitativamente, con cifras siempre inferiores al siete, ocho por ciento,  ha ocasionado que de facto en el sistema penitenciario, al final presente sesgos de género. 

¿Algún ejemplo?

No todos los centros penitenciarios tienen espacios para acomodar mujeres y eso implica que tienen que irse a determinados centros, puede que no cercanos a su lugar de referencia o entorno familiar y eso tiene una serie de repercusiones en la forma en que se ejecuta la pena privativa de libertad. Luego, tal como están diseñados algunos programas de tratamiento, también es cierto que se puede ver que tienen sesgo de género. Que la población penitenciaria sea eminentemente masculina y nacional hace que los recursos tengan una orientación determinada. No se está buscando una discriminación de iure, pero de facto eso al final lleva una serie de repercusiones. En pequeños aspectos tiene sentido y mucho, hablar de perspectiva de género.  

Cuando se habla de precursores, siempre aparece la figura de Concepción Arenal.

Concepción Arenal fue una de las grandes referentes del correccionalismo del siglo XIX, una figura de referencia. Yo resaltaría a Concepción Arenal en el siglo XIX y luego a Victoria Kent en el periodo de la Segunda República. Fueron dos mujeres, evidentemente muy adelantadas a su época, porque rompen el rol tradicional y, además, se inscriben dentro de una corriente humanista muy clara en la que apuestan por la persona y, en este caso, por la mujer. 

¿En qué debería centrarse la Administración para mejorar la situación?

Creo que una de las cuestiones para implementar políticas que tengan sentido, en este caso de género, es hacer trabajo de campo, saber cómo estamos y en ese sentido quisiera resaltar el último informe de la Secretaría General   de Instituciones Penitenciarias sobre la situación de la mujer privada de libertad que ofrece una información amplísima sobre los aspectos en los que hay todavía mucha ámbito de trabajo. 

En cuanto a cuestiones específicas, la Ley General Penitenciaria hay que revisarla. Es muy garantista, que ha servido de modelo, pero es del año 1979 y hay cosas que revisar, como el enfoque que se le da al papel de la mujer en prisión, también la utilización de un lenguaje inclusivo en la documentación interna y se podría potenciar la creación de módulos mixtos, promover la participación de mujeres en actividades formativas y laborales, así como ofrecer trabajos penitenciarios remunerados que rompan el sesgo de género y la dinámica. También se pueden revisar los protocolos sanitarios en prisión y mejorar la atención de la enfermedad mental. Hay mucho margen de mejora porque se trata de que la estancia en prisión tenga sentido y que lo tenga para la mujer significa poder aprovecharla en igualdad de condiciones, para romper dinámicas de discriminación.