Paco Mora


«O comunismo o comunión»

16/01/2021

Cuando el cardenal de Nueva York, monseñor Spellman, llegó a Barcelona en mayo de 1952, para asistir al Congreso Eucarístico, sus primeras palabras, que dieron la vuelta al mundo, fueron las siguientes: «¡O comunismo o comunión!». Seguramente había oído decir muchas veces que los españoles somos gente de blanco o negro, del todo o nada, que acostumbramos a navegar entre el cero y el infinito. Vamos, que no tenemos término medio… Y eso en aquellos  tiempos del «todo por la patria», de «hacer guardia junto a los luceros», de admiración ante la verborrea de Federico García Sanchiz y de la prosa bordada en oropel de Pemán, como si en aquella España todavía no se hubiera puesto el Sol, se aguantaba en pie aunque ya un tanto tambaleante. Pero que haya quienes quieran volver a las andadas en pleno Siglo XXI, circulando en sentido contrario, es de una singular y peligrosa estulticia.
Eso de que la Historia «est mater et magistra» es un axioma que no existe para nuestros políticos actuales. La técnica suicida de «los potros de Alcaraz», que caminan «unos pasos adelante y otros tantos para atrás», la practican de manera usual sin  ninguna clase de empacho. Donde ayer dijeron digo hoy dicen Diego y se quedan tan panchos, aunque vean que caminamos hacia el despeñadero. Que los pueblos que olvidan su Historia corren el peligro de repetirla, es una verdad archidemostrada a lo largo de los siglos. El intento de hacer de la Justicia, la Economía, la Sanidad, la Enseñanza y tantas cosas más, que le dan solidez o debilidad a un país, instrumentos al servicio de la permanencia en la poltrona es algo que puede hacer de  España un peligroso polvorín.
Solo el anonadamiento del país garantiza la impunidad de los que ejercen el poder por el poder.