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Antonio García

Antonio García


Arco 40

28/02/2022

Este año Arco cumple sus 40 años de vida. Es meritorio que un certamen centrado en divulgar -o visibilizar como se dice ahora- la estafa se haya mantenido cuatro décadas, tanto como la dictadura franquista, que por cierto siempre es tema de algunos de los pabellones. Supongo que esta pervivencia  no es atribuible al mérito de los artistas sino a las tragaderas del público, en paralelo a la corrupción política que el votante ya asume como inherente a los partidos.  Espectadores y votantes acuden en masa al engaño, como los toros, mientras los seudoartistas y seudopolíticos se enriquecen -y se descojonan- a costa de su credulidad. Arco tiene algo de festival de Eurovisión: la canción, la obra de arte son solo una excusa para vender friquismo, sociología perecedera. Este año los protagonistas han sido, además del consabido Franco, una jeta de Pedro Sánchez, unos paneles hidrofeministas -concepto que se me escapa- y unos cuadros con señores empalmados, más el retorno de los tapices y la tela de saco como soporte. Pero el estrellato ha recaído sobre un vídeo que muestra un cosido de vagina. Me pregunto cuánto cotizaría el CD de la reparación de mis ojos, que mi oftalmólogo me adjuntó con la factura, y que es tan asqueroso como una operación de genitales.  Insospechadamente yo también soy poseedor de una obra de arte, pero mi pudor me prohíbe airearla. Se habrá notado que no he mencionado nombres de artistas. No es solo que algunos de ellos, por su internacionalismo, resulten impronunciables: es que tampoco dirían gran cosa, pues solo los conocen los críticos y los galeristas, las otras patas del trípode sobre el que se encumbra este timo de la estampita contemporáneo.