scorecardresearch
Javier López-Galiacho

Javier López-Galiacho


Bajo un lazo azul

12/07/2022

A las siete de la tarde de aquel viernes 11 de julio de 1997, hace ahora 25 años, Pino y yo entrábamos, bajo un inmenso lazo azul, por la puerta del Colegio Mayor de San Pablo de Madrid, en cuya entonces coqueta iglesia nos íbamos a casar. Aquel azulado lazo simbolizaba el deseo de liberar al concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, secuestrado a esa hora por la banda mafiosa de ETA, y sobre cuya vida pesaba una condena de muerte a ejecutar en 24 horas, si el Gobierno de España no acercaba a las cárceles del País Vasco a los presos etarras. Recuerdo a mi hermano Juan Luis aprovechar las preces de la misa para pedir su liberación. El sábado 12 de julio, a media tarde y cuando nos preparábamos en el hotel para iniciar el viaje de novios, la televisión nacional anunció que se había descubierto un cuerpo, aún con vida, que parecía ser el de Miguel Ángel. Nada se pudo hacer por su vida por el par de balas que el verdugo etarra Txapote le incrustó cobardemente en la cabeza. Han pasado 25 años y muchos de nuestros jóvenes ni conocen, ni han oído hablar de este mártir de la democracia y de la libertad de España que se llamó Miguel Ángel Blanco. Aquel hombre bueno al que tres cobardes, tres alimañas humanas, metieron en un maletero, lo descalzaron, lo adentraron en un bosque con las manos esposadas por delante, obligándole a ponerse de rodillas, y fríamente, sin piedad, ni arrepentimiento, por la nuca le descerrajaron dos tiros. Mientras que Miguel Angel Blanco, sus restos, descansan eternamente en un cementerio de una aldea de Orense, porque los secuaces etarras profanaron su tumba en Ermua, los terroristas hoy avanzan en su acercamiento a las cárceles vascas. De momento, los verdugos de Miguel Ángel han saltado de la cárcel de Huelva a la de Estremera (Madrid). Ya están a mitad de camino de conseguir aquel acercamiento, por el que entonces no se cedió un milímetro, costándole la vida a aquel pobre desgraciado. Han pasado 25 años, pero aquel enorme lazo azul sigue muy vivo en mi memoria, como la excrecencia moral de sus asesinos y de sus secuaces.