La tarde acabó con el triunfo de un 'justo' por un pecador

P.J.G
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El cacereño realizó lo mejor del festejo y desorejó al sexto, el más potable de una descastada y blanda corrida de Juan Pedro Domecq

De Justo salió en hombros. - Foto: José Miguel Esparcia

El refranero y los dichos tradicionales suelen ser sabios, como el que reza que pagan justos por pecadores y se estaba cumpliendo a rajatabla hasta ya iniciada la faena de Emilio de Justo al sexto de la tarde. El público y los justos aficionados estaban pagando no sólo la entrada, sino que soportar un espectáculo infumable motivado principalmente por los de Juan Pedro Domecq y Parladé, esos hierros que tanto gustan a las figuras, pero que cuando la cosa no sale bien lo fácil es cargar las culpas sobre los astados, como hizo Enrique Ponce, cuando en verdad en el pecado llevan la penitencia y un buen sector del público se hartó del que ha sido una de los pilares de la Feria, muy poco sólido, por cierto. Otro dicho indica que hay excepciones que confirman la regla, y es lo que hizo el diestro cacereño, que logró un triunfo ‘justo’ ante su compañero ‘pecador’, el diestro de Chiva, quien dejó patente la que única tarde en la que estaba anunciado en principio en el abono era más que suficiente y que sobró una de las sustituciones por Roca Rey. La otra, curiosamente, la de ayer, fue para Emilio de Justo, que con una faena que fue a más y de momentos muy brillantes y bien rematada con la espada logró dar brillo a una tarde gris, abrir la puerta grande y lograr el triunfo del ‘justo’ por el ‘pecador’, bajo la atenta mirada del tercero en discordia, un Miguel Ángel Perera que no tuvo suerte con su lote, pero que, lejos de buscar culpables ajenos, tiró de vergüenza torera para salvar una tarde en la que fue ovacionado.

triunfal presentación. Emilio de Justo, uno de los toreros que pide paso, otra cosa es que le dejen, que en el escalafón de matadores de toros también pagan muchos justos por pecadores, hizo su presentación como matador de toros en el coso albacetense y no le pudo ir mejor, con una salida en hombros y convirtiéndose, en la novena de abono, en el primero diestro que desoreja a un toro. Su triunfo se hizo de rogar, no sólo porque lo hiciese con el sexto de la tarde, sino porque el inicio de su faena no era el más prometedor para el desenlace que después tuvo. Los primeros compases estuvieron marcados por un toro incómodo, con un molesto calamocheo que le tropezó más de una vez la muleta, pero a base de llevarlo a media altura consiguió que el toro rompiese. Lo hizo por el pitón izquierdo y por ahí se sucedieron las series al natural, cada vez más templadas, más hondas y con mucha verdad en una faena que fue a más, como el toro, con más clase, rematada con naturales con la mano derecha antes de dejar una estocada algo contraria, pero efectiva, que hizo que el toro rodase y los pañuelos de los aficionados y público, deseosos de que no se fuese otra tarde en blanco, afloraron pidiendo dos orejas que fueron concedidos para certificar el triunfo de un diestro cacereño que sí justificó su presencia por el ausente Roca Rey.
Menos lucido estuvo con el descastado y manejable tercero, al que realizó una faena desigual, donde se sucedieron pasajes con enganchones con otros de mayor lucimiento e intensidad, sobre todo en el toreo al natural, ante un enemigo que cada vez se quedaba más corto en el engaño del extremeño. Muy mal con los aceros, porque tras un pinchazo dejó un bajonazo infame.
Enrique Ponce completó su segunda actuación en el abono y no dejó buen poso entre el respetable en la primera, porque a las primeras de cambio ya le pitaban al diestro de Chiva, que poco hizo por revertir la situación, ya que su labor fue ventajista, sin ajustarse y sin lucimiento ante un toro noble y manejable, pero sin ningún fondo, al que despachó con una estocada caída y, aunque aparecieron algunos pañuelos, fueron minoritarios y cuando salió a recoger una ovación todo se tornó en una división de opiniones. Después, ya en el callejón, llegaron los aspavientos de un diestro que siempre encuentra culpables y olvida que en muchas ocasiones en el pecado lleva la penitencia. Todo fue a peor para el diestro de Chiva, con un descastado e inválido segundo enemigo con el que decidió abreviar, con casi todo en contra, gran parte del público y el toro, que no hay que olvidar que era de una de esas ganaderías que tanto gustan a las figuras y ellos eligen. Salió cruz y toca apechugar, que otra vez será.
sin suerte. Completó la terna un Miguel Ángel Perera que quiso volver por sus fueros, pero que si no lo hizo fue, en gran medida, por el mal lote que le tocó en suerte. Ante su primero, al que recibió con buenos lances a la verónica y realizó un buen quite por chicuelinas, inició su faena de muleta clavado de hinojos en los medios y recetó al de Juan Pedro Domecq dos pases cambiados que calentaron los tendidos. Ya puesto en pie, citó de lejos y ligó los muletazos de las francas embestidas del astado, que tuvo poco motor y se paró cuando el diestro comenzó con el torero al natural, lo que hizo que su faena bajase de tono, pero no de en la disposición de un diestro que remató con unas ajustadísimas manoletinas. La pena para él fue el fallo a espadas, necesitando de un pinchazo, un metisaca y media estocada para acabar con su enemigo.
Otro cantar fue su segundo enemigo, un toro descastado e inválido, con el que tuvo que hacer de enfermero en su faena de muleta para que el toro no doblase, aunque a medida que avanzaba la labor del diestro se incrementaban las claudicaciones de toro y ya poco más había que hacer, aunque Perera insistió y de voluntarioso pasó a pesado en una faena que alargó en exceso. Una estocada desprendida fue suficiente para acabar con la vida de toro y, nuevamente, el diestro de Puebla de Prior escuchó una ovación, reconociendo la vergüenza torera que tuvo.