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Un cajero automático municipal

Ana Martínez
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Los clientes de más edad de las entidades bancarias secundan y dan su apoyo a la campaña 'Soy mayor, no idiota' y reclaman más atención al público para todo tipo de trámites

Un cliente de una oficina bancaria se dispone a operar en un cajero. - Foto: Rubén Serrallé

«Tengo casi 80 años y me entristece mucho ver que los bancos se han olvidado de las personas mayores como yo». Así empieza la campaña Soy mayor, no idiota, que inició el médico jubilado Carlos San Juan Laorden a primeros de este mes de enero en la plataforma change.org, a través de la cual lleva recogidas unas 465.000 firmas. La repercusión de la campaña ha sido tal, que su impulsor mantendrá un encuentro con el Ministerio de Economía y el Banco de España.

«No me extraña que haya tenido tanto éxito, lo de los bancos no tiene nombre», sostiene el presidente de la Unión Democrática de Pensionistas (UDP) de Castilla-La Mancha y Albacete, Ramón Munera, quien en el último Consejo Regional de Mayores propuso la instalación de cajeros automáticos en los ayuntamientos de las localidades más pequeñas del medio rural que no cuentan con oficinas bancarias o se abren solo un par de días a la semana, y que sean atendidos por empleados públicos. «Hay personas de edad muy avanzada que tienen que pedir el favor a los vecinos para que los trasladen a otros pueblos más grandes para poder cobrar su pensión, una vergüenza», lamenta Munera.

Advierte de que con los cajeros automáticos no se soluciona la atención al cliente que, a su juicio, las entidades bancarias deberían prestar, no solo por la brecha digital sino porque «muchos mayores ya no tienen ni las ganas ni la capacidad de aprender las operaciones que nos obligan a realizar por los cajeros».

La situación, además, ha provocado que hasta la UDP lleguen asociados denunciando haber sido víctimas de timos y robos, ya que «personas desconocidas se acercan aparentemente para ayudarles a sacar dinero del cajero y, cuando lo hacen, les dan el cambiazo por billetes falsos».

Nicolás García, de 71 años, considera que el trato que están procurando las entidades bancarias a la cliente está «fatal» y asegura que la atención al cliente «no existe». En su caso, califica de «regular» su relación con el cajero automático y dice que no quiere «entenderme con él», a pesar de que recibir una atención personal en los bancos «ya es imposible», porque «cada vez hay menos oficinas y menos personal».

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