NUEVO SURCO

Javier López


Los comuneros hoy

21/04/2021

Celebraron este lunes las Cortes Regionales de Castilla-La Mancha un acto en conmemoración del V Centenario del levantamiento de los comuneros, un recuerdo imprescindible para marcar posición en lo que a nuestra identidad castellana se refiere en su sentido más amplio y estricto. Y fue aquel acto como una parada reconfortante en el ajetreo pandémico que nos tiene tan agotados, a veces indignados, a veces entristecidos, y siempre obsesionados con el monotema.
Y es bueno reivindicar la identidad castellana, de la que somos parte esencial en este sur de Castilla que es Castilla-La Mancha. En un mundo tan plagado de mentiras y con tanta reivindicación de identidades con fines excluyentes y separatistas, reivindicar Castilla es hacerlo de una identidad nítida que, sin embargo, de tanto darse a empresas gigantescas a veces ha quedado hasta desdibujada. La empresa de construir España y la de colonizar el Nuevo Mundo son de tal magnitud que parece increíble, visto hoy, que tuvieran en Castilla su punto neurálgico. Por más polémicas que sean esas empresas nadie les podrá nunca negar su dimensión.
Lo de los comuneros, lejos de lo que se suele pensar, no fue una reacción provinciana contra los afanes imperiales de Carlos V, sino contra el hecho de que el emperador no tuvieran en cuenta en sus primeros pasos la realidad castellana como piedra angular de sus dominios. A partir de ese hecho se forjó el mito que tiene en Toledo dos figuras estelares: Juan de Padilla y, conviene no olvidarlo, María Pacheco, que cada vez está siendo más reivindicada, incluso como símbolo feminista. María Pacheco ya tiene en marcha un monumento, como recordó Emiliano García-Page en la clausura del acto.
Intervino también en la conmemoración el profesor John Elliott, que recordó como Toledo marco un punto de rebelión imprescindible para entender la resistencia comunera. Hoy, en cambio, en la Ciudad Imperial se reivindica a la vez a los comuneros (Padilla tiene desde algunos años una estatua en la plaza que lleva su nombre) y al emperador Carlos V, con la imponente puerta de Bisagra como símbolo significativo de aquel Imperio.
Es un ejercicio inteligente de memoria histórica integradora, porque hoy, quinientos años después, no tendría sentido contraponer los comuneros a Carlos V, es más, tiene todo el sentido recoger lo más positivo de ambas corrientes y sentirse orgulloso.  Del mismo modo que no tendría demasiado sentido a día de hoy posicionarse en favor de Viriato o de los romanos.
Padilla, Bravo y Maldonado reivindicaban una idea de bien común y una idea de justicia con Castilla en el conjunto de España. Si bien es cierto que España es en gran medida una creación de Castilla, no lo es menos  que lo es porque siempre ha sido esta tierra ancha y extensa la que menos se ha guardado para sí misma. Los comuneros no tenían un afán excluyente ni separatista, simplemente querían que la realidad castellana tuviera un reconocimiento acorde con todo lo que había aportado y seguiría aportando al proyecto compartido.
Quinientos años después los comuneros se han convertido en un símbolo para las nuevas generaciones, casi un símbolo transversal ampliamente aceptado por amplias capas. En el año 1978, cuando se consiguió una España unida desde un amplio respeto a su diversidad, lo castellano se integró en varias comunidades autónomas que, sin embargo, siguen constituyendo la almendra central de la piel de toro,  lugar amplio en el que siguen latiendo las mismas pulsiones de siempre: una idea del bien común insobornable, y un no tener ni un gramo de afanes excluyentes hasta el punto de dar más importancia a la identidad compartida con otras regiones que a la propia.
Lo cierto es que es una suerte vivir en una tierra tan sacrificada. Porque si no fuera así posiblemente España no se hubiera tenido en pie. Castilla ha sido y sigue siendo, ahora insertada en varias comunidades autónomas, un factor de estabilización, un estabilizante en un conjunto de regiones muy dadas, en sus periferias, a la disgregación. Eso, en la base, y la pertenencia a Europa, por arriba, estabiliza a un país complejo como España. Reivindicar a los comuneros no es ni más ni menos que rendir tributo a esa idea solidaria, del mismo modo que estar orgulloso de Carlos V es apostar por Europa. Sin conflictos, y así de claro, quinientos años después.



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