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Javier López-Galiacho

Javier López-Galiacho


El cirujano

08/02/2022

Enrique Moreno, precursor de operaciones de trasplante multiorgánico, la «mano de Dios» que salvó a Juan Pablo II tras el atentado, acaba de publicar un libro que leeré con entusiasmo: El cirujano. Moreno trasplantó el hígado al incombustible Raphael. Ahí sigue El niño de Linares dejándose el nuevo hígado en cada escenario, aguantando casi tres horas de actuación, como si ese órgano fuera el de un niño. A Moreno le veía salir de la vecina Clínica de La Luz como una rosa, tras esas largas operaciones de más de seis horas. En mi vida tuve la inmensa suerte de adorar a un cirujano. Les cuento quien era. Su padre era un médico muy conocido de Albacete. Le envío al Madrid de posguerra a estudiar a la facultad que entonces estaba ubicada en el viejo caserón de Atocha. Allí cursó la carrera, viviendo en una cercana pensión, la Gredola, en la plaza de Pontejos y compartiendo modesta habitación con su hermano y su primo, quienes serían brillantes médicos. Acabada la carrera se fue a especializarse como cirujano a Carolina del Norte (EEUU). Cometió el error personal de regresar a la España del sable y la sotana. Esa decisión, sin embargo, fue una suerte para la medicina de nuestra provincia. Se vino a la vera de su padre en el viejo Hospital San Julián de Albacete y tuvo como maestro a Gaspar Arcos. Luego vendría la Residencia del Perpetuo Socorro y las consultas del Ambulatorio de la Avenida de España. Tuvo clínica privada con su padre y su hermano frente a la Catedral. Por sus manos de oro pasaron cientos de pacientes de Albacete y provincia, muchos de ellos menesterosos y sin recursos. El Sanatorio Santa Cristina fue su segunda casa y allí formó a muchas enfermeras, también a brillantes cirujanos como Pascual Masegosa. Apenas le dio margen la vida tras jubilarse. Hace 20 años, un accidente cerebrovascular se lo llevó, seguro, al Cielo. Sus órganos, por decisión propia, viven hoy escondidos en otra piel. Cuando fue velado en el tanatorio de Albacete, se acercó a la sala un hombre anónimo para decir: «Se va un hombre de valores; me salvó la vida». Este viernes 11, cumpliría 93 años. Aquel excelente cirujano y mejor persona fue mi padre.