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Sánchez terminará ejecutando a Margarita Robles

Carlos Dávila
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Los rufianes de Rufián y el títere Aragonès humillarán aún más al 'okupante' de la Moncloa para conseguir de él todas las regalías que le sean posibles

La ministra de Defensa ha unido para siempre su dignidad personal al presidente. - Foto: Juan Carlos Hidalgo

Este martes, apenas conocida la destitución de la directora del Centro Nacional de Inteligencia, Paz Esteban, dos -escribo literalmente dos- socialistas de toda la vida, se expresaban así ante el cronista: «Indigno. Si hubiera tenido dignidad, que ya se ve que  no la ha tenido, la ministra de Defensa de Sánchez, tendría que haber dimitido». No lo ha hecho y algunos analistas que todos estos días pasados han cantado la honradez política y la sindéresis con que Robles se ha venido moviendo desde que estalló el escándalo de los espías, se piensan defraudados porque a estas horas de fin de semana, la ministra no esté ya en su casa, de vuelta a su puesto de magistrada en el Supremo. 

Personalmente a este cronista la postura de Robles no me ha sorprendido. Ya nadie quiere recordar que en un episodio igualmente atrabiliario, indecente, como este que estamos padeciendo, Robles actuó de la misma forma. Recién llegada al Ministerio del Interior como secretaria de Estado de Seguridad (era ministro, también de Justicia, Juan Alberto Belloch), tuvo que ocuparse de uno de los escándalos más clamorosos, ¡y mira que ha habido muchos!, de la gobernación socialista: la persecución del fugado exdirector de la Guardia Civil, Luis Roldán. Perpetraron ella y su jefe diversas estrategias para detener al corrupto delincuente y, en una de esas se pusieron en manos de un repulsivo espía, mercenario a sueldo de nuestros fondos reservados, Francisco Paesa, y entre los tres urdieron una farsa, carísima para los españoles, que terminó con dos protagonistas: el fantasmal capitán Khan y los falsos papeles de Laos. Se descubrió la patraña, Paesa se llevó nuestros dineros, y ni Belloch ni Robles tuvieron la grandeza de dimitir.

El episodio, que ya he narrado en una crónica anterior más ampliamente, es imprescindible para desmentir a los tontos útiles de ahora que han venido celebrando la virtud honrada de Robles. De eso, nada, Margarita. El proceso que ha llevado al descabezamiento de Paz Esteban tuvo el propio lunes un nuevo añadido. Ese día compareció, muy solemne él, el nuevo portavoz del PSOE, un señor de apellido Sicilia que, desafiante, llegó a increpar de este modo a los periodistas adyacentes: «Que a nadie se le ocurra decir que la directora del CNI va a ser cesada (dijo cesar porque el hombre no sabe de verbos intransitivos) inmediatamente». Diez horas más tarde, el dúo Sánchez-Robles la ejecutó ante el asombro general. O sea, resulta que la jefa del CNI, una funcionaria leal, designada para obedecer las órdenes del Congreso, hace lo que presidenta y ministra le exigen, espían a todo quisqui, secesionistas, incluidos, y por hacerlo terminan con su carrera. Nunca se ha visto tamaña brutalidad. 

Es cierto que, como el tal Sicilia, Robles ha engañado al mundo mundial, también probablemente a sí misma; durante días y días no solo ha venido aprobando y apoyando el trabajo del CNI, sino muy específicamente el de su directora. Tanto es así que, tras la última sesión de control al Gobierno en el Parlamento, un diputado del Grupo Socialista se expresaba de este modo: «Margarita, no sé si se ha dado cuenta pero ha ligado su porvenir político al de Paz Esteban». Inocente o estúpido personaje; hoy la exdirectora está en la calle y Robles sigue en el Ministerio de Defensa. Encima, para completar la pirueta, se ha llevado al CNI a su dócil asistenta, la secretaria de Estado de Defensa.

Debilidad del socialista

Pero, si Sánchez se ha creído que con esta ejecución pública ha contentado la fiereza de los independentistas, yerra de medio a medio. Estos ya han comenzado a disparar más alto y a pedir la destitución de la propia Robles. Dos por el precio de una se llama esta figura. Esquerra se ha dado cuenta de la debilidad extrema del presidente del Gobierno y le va a estrangular poco a poco, hasta triturarle del todo porque su compañía le resulta ya incómoda a la vera misma, como estamos, de las elecciones andaluzas y pelín más lejos, las municipales de dentro de un año. Ahora, los rufianes de Rufián y el títere Aragonès, humillarán aún más al okupante de la Moncloa y le harán viajar hasta Barcelona para, de jefe de Estado a jefe de Estado, recibirle en Pedralbes para vaciarle la cartera y conseguir de él todas las regalías que le sean posibles. 

Quizá no seamos conscientes de la fechoría que acaba de cometer este Gobierno social-leninista: con su cesión a los secesionistas han dado la razón a los individuos malencarados que organizaron un golpe de Estado contra España, que fueron condenados después y que, para cumplimentar la penúltima etapa de la pesadilla recibieron el indulto contra el propio criterio del Tribunal Supremo. Llegado este momento Sánchez se rinde festivamente ante ellos y, eso sí, tras espiarles en la creencia de que nadie lo iba a averiguar, y destroza una de las instituciones claves de nuestro Estado de Derecho: el CNI. Se ha dejado amedrentar por estos sujetos (otra revelación de uno de los diputados anteriormente) con el único fin de prolongar su estancia en el machito, de prolongar desde luego la agonía de España. Tantas veces hemos repetido que la conducta de Sánchez solo es homologable en la Historia a la felonía permanente de Fernando VII, que ya, según parece, la traición pasa desapercibida. Pero el artículo 102 de la Constitución -lo debemos repetir- continúa vigente. Se refiere a la responsabilidad criminal del presidente exigible ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo e inscribe inequívocamente la «acusación por traición». ¿Parecerá todavía muy exagerada la referencia? Es terrible que Margarita Robles haya unido para siempre su dignidad personal a la inexistente del jefe de su Gobierno. Ahora bien, lo veníamos diciendo: era de esperar. Robles ha descartado salir con prestancia y saldrá un día no muy lejano por la puerta de chiqueros para llegar al ruedo ibérico donde, con toda seguridad, Sánchez le conducirá al patíbulo. Sánchez asistirá sin despeinarse a la ejecución. Se lo ha merecido. Ha sido su decisión.