«Pretendo defender una literatura que sea revolución»

A. Díaz
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«Existen figuras como Basquiat, Bansky, que para mí ejemplifican un lenguaje vivo»

El escritor Andrés García Cerdán. - Foto: J.M. Esparcia

Librería Popular acogió la presentación del último ensayo de Andrés García Cerdán, La muerte del lenguaje (Para una poética de lo desconocido). El autor estuvo acompañado, entre otros, por Cipriano Játiva. 
Usted, que suele publicar verso, vuelve ahora al ensayo...
Así es, La muerte del lenguaje es un ensayo, como una especie de matrioshka de textos con registros artísticos, de crítica literaria o bien filosóficos. En realidad, es el resultado natural de haber estado trabajando en los últimos ocho años en la lectura de libros que me han marcado, persiguiendo a autores que considero fundamentales en la construcción de la personalidad contemporánea y buscando aquellas voces que salían del cauce normal y que nos ofrecían el lenguaje con toda su potencia y con toda su vida. 
 ¿Habían aparecido también en otras publicaciones?
Algunos son inéditos, otros fueron apareciendo en diferentes periódicos y revistas vinculados al mundo del arte y literatura. Claro, hay textos inéditos, escritos para la ocasión, incluyendo, por ejemplo, un viaje a la cultura norteamericana, a la generación beat, a la obra de Kerouac, de Ginsgerb, y otros que se movieron por San Francisco en los años 50, 60 y 70 del siglo XX.
En realidad es una recogida de textos, algunos publicados, otros sin publicar. El hilo conductor es la defensa del lenguaje, porque en realidad es un contraejemplo, ante el lenguaje vacío de políticos, medios de comunicación, o ante el descuido del lenguaje de la última literatura superventas. 
¿Por eso  eligió como título, La muerte del lenguaje? 
Sí, por eso el título, La muerte del lenguaje, aunque pienso que debería llamarse Contra la muerte del lenguaje, porque existen estas figuras como Basquiat, Bansky, Enrique Vila-Matas, Kerouac, que para mí ejemplifican un lenguaje en crecimiento, en movimiento, vivo. 
Lo que pretendo es defender una literatura alegre, en el sentido nietzscheano, y también un lenguaje que sea revolución, descubrimiento y alejarnos de los estereotipos, de la inanidad de los registros, vamos, con los que nos bombardean todos los días.  
¿Algún ejemplo?
Lo vemos claramente en la subpoesía que triunfa en la actualidad, un producto de consumo y que, por lo tanto acaba bajando el nivel de exigencia del lenguaje poético hasta la ridiculez, incluso con textos con faltas de ortografía o la novela que gana los grandes premios, que suele ser absolutamente nefasta. 
¿Contra esta tendencia, que se pude hacer?
Contra esto, más inteligencia, más lucha, más conciencia crítica del mundo en que vivimos y más literatura de calidad. 
Debemos intentar que toda esta marabunta de literatura de consumo no manche,  con sus sucias manos, la de verdad, que responde a la fe, el crecimiento o la fuerza.  
El público, podría estar interesado en la literatura «de consumo».
No, los verdaderos amantes de las palabras tienen buen criterio, aunque la gente, al final, se cree lo que le venden, hay una parte de responsabilidad de la política educativa o de los medios de comunicación que, de alguna forma, están subalimentando culturalmente, espiritualmente, a una generación. 
¿Se puede revertir la tendencia?
El juicio podría ser apocalíptico, el capitalismo aplicado a la cultura nos ha convertido en borregos, aunque hay esperanza, hay mucha gente inteligente marcando caminos.