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Miguel Romero

CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Un pregón con olor a Vaticano

18/04/2022

«Salvadla del escaparate de vanidades v superficialidad que caracteriza nuestra sociedad moderna. Os lo pido de todo corazón. Es un tesoro que está en vuestras manos, una preciosa herencia de vuestros antepasados que tenéis que transmitir íntegra y sin fisuras a las generaciones venideras, a vuestros nietos y a vuestros hijos», ha añadido al final de su intenso Pregón, el periodista Antonio Pelayo, el décimo religioso en pregonar esta esperanzadora Semana Santa de Cuenca, declarada de Interés Turístico Internacional, en este 2022.
Sus palabras me recordaban ensoñaciones pasadas cuando los conquenses que hemos tenido la suerte de pregonar nuestra Semana de Pasión conquense, ofrecíamos siempre un Camino del Calvario personal, subjetivo pero intenso, para desgranar en cada una de nuestras frases, singularidades pasadas, presentes y futuras.
El periodista vallisoletano, vinculado a Tarancón y Cuenca por acepción familiar, hombre curtido en una y mil batallas, difusor del sentimiento papal en cada viaje o en cada homilía de ese balcón del Vaticano, no lo hizo de la misma manera que nosotros y él supo llegar al corazón del conquense con humildad en cada frase de su experiencia vivida, en cada momento de su transmisión espiritual de lo que como hombre siente y cree.
Fue un pregón inoculado de crítica hacia el materialismo de un mundo sin razón, hacia una sociedad herida de muerte por las guerras sin sentido, por las políticas transgresoras en función de las mentiras, por los pecados de una Iglesia que permite perversión como razón de causa impenitente, por todo cuanto hacemos de mal para convertir lo saludable en hipocresía de mundo. Y lo hizo, con palabras fáciles, en un lenguaje entendible para todos los colectivos que recrean la sociedad contemporánea, buscando en la hilazón de nuestra ciudad colgada, de nuestro bello entorno en el que la roca convertida en piedra supo iniciar su alocución entre frases literarias y opiniones modernas. Recordó a Tina Turner o Pablo Neruda, pero también a Garcilaso de la Vega o Juan Pablo II.
Me gusto y mucho su pregón. La Semana Santa de Cuenca se vistió de esperanza, pero también de ilusión y de contenido. Hizo grande el Auditorio, por primera vez sede de este acto, brilló ante un público deseoso de revivir momentos pasionales, y lo hizo con claridad, amor y gratitud, sin que la maravillosa puesta en escena limara un ápice de su mensaje. Tal vez, sentirse arropado por todos, y crecer al lado de la Junta de Cofradías, merecedora de aplauso, las Instituciones por seguir estando en su lugar, el cartel en maravillosa composición y acertada idea, del fotógrafo Enrique Martínez Gil, la locuaz presentación del periodista Leo Cortijo, la voz maravillosa del Coro de la Catedral y la música, esa que enaltece el alma, esa inigualable interpretación constante que hacen gala los miembros de nuestra Banda Municipal, bajo la batuta del maestro Aguilar, la misma que cumple esos 125 años de existencia.
Gracias Antonio Pelayo por ese pregón con olor a Vaticano. Un lujo.