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«Ahí donde hay una librería, está el centro del mundo»

Antonio Díaz
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Luis Landero visita hoy Albacete para presentar en Librería Popular, a las 19 horas, su última obra, Una historia ridícula. El escritor comentó a La Tribuna de Albacete distintos aspectos de su novela.

Luis Landero, escritor. - Foto: Iván Giménez

Luis Landero visita hoy Albacete para presentar en Librería Popular, a las 19 horas, su última obra, Una historia ridícula. El escritor  comentó a La Tribuna de Albacete distintos aspectos de su novela. 

¿Por qué Marcial precisamente como nombre del protagonista de Una historia ridícula?, ¿intencionado?

Pues no lo sé, es lo que se me ocurrió en ese momento. A lo mejor lo es, pero como esto es puramente intuitivo, no sé a qué responde la razón. Son cosas que se le ocurren a uno a la hora de escribir e imagino que tendrán su causa. 

¿Es la historia de un resentido y egocéntrico?

Bueno, un resentido evidentemente, humillado y ofendido. Resentido porque todo esto le ocurrió en la infancia. Uno sale de la infancia con el carácter hecho y sale resentido contra el género humano, en general y desconfiado y temeroso de los demás. Egocéntrico creo que no, si lo es, es impostura, es un modo de defenderse de los demás, precisamente porque es un resentido y tiene miedo de que se burlen de él. Su manera de defenderse es afirmarse en su personalidad. 

¿Una obra que tiene mucho que ver con la cultura de consumo rápido?

Sí, con la cultura de consumo, con la baja cultura frente a la alta cultura. Él ha hecho formación profesional , pero no ha accedido a la alta cultura, la admira de lejos y entonces, se ha formado su culturilla con una enciclopedia y algunas lecturas estrambóticas. Es de esta gente, a medio formar, que ama la cultura y cree que es importante. Presume de cultura pero la suya es de andar por casa, que se nutre del consumo, pero hay mucha gente así, que están orgullosos y eso me produce ternura y mucho respeto. Tienen su filosofía y yo me encuentro con muchísima gente que te cuenta su vida y su filosofía de la vida, que tiene su valor, la manera que tiene alguien de ver el mundo, es su filosofía. Así es la vida, no solo van a filosofar los académicos, todo el mundo filosofa y mi personaje también. 

¿Estamos ante una historia de amor?

Claro, es una historia de amor, de alguien que tiene una vida tranquila, más o menos consolidada y que, de pronto, se enamora, no solo de Pepita, de lo que ella representa, ese mundo de la alta cultura, elegancia y buen gusto, que él ha visto de lejos y que admira profundamente. 

Con espacio para el humor y la ironía, como suele ser habitual en su obra.

Una historia ridícula es una novela con bastante humor, aunque eso lo tiene que decir el lector y desde luego, mientras la escribía, me sonreía y me reía a carcajadas. Marcial es un hombre inocente, porque la maldad que muestra es una cáscara. Es débil, pero claro, esos débiles se hacen fuertes. Hay un desnivel entre sus ínfulas de hombre culto, de valor, y la realidad, eso hace que sea fuente de ironía y humor.  

Por fin puede haber reencuentro autor-lector.

Es un gusto reencontrarse con los lectores y amigos, poder ir a Albacete. Bendita normalidad. Es una satisfacción volver a una librería, es el centro del mundo. Ahí donde hay una librería, está el centro del mundo y encontrarme con los lectores es un gusto, hablar con ellos y saber qué he hecho, porque uno no sabe muy bien lo que hace hasta que no te lo dicen los lectores, son los que te ponen un espejo delante. 

¿Literatura que puede salvar de este mundo, en ocasiones tan horroroso?

Sí, hay tanto horror alrededor que la belleza nos redime un poco de esos horrores, pero  así es la vida, agridulce, porque está hecha de belleza, pero también hay mucho horror. La vida es agridulce y eso es lo nos lleva a menudo a la melancolía, pero, afortunadamente, existe la belleza para atemperar el horror diario. 

Una de las singularidades de su obra, del autor es el  carácter cervantino. ¿Está de acuerdo?

No lo sé, me he resignado a ser cervantino y a lo mejor lo soy. De todos modos, Cervantes está en muchos autores y uno puede ser cervantino sin haber leído a Cervantes, basta con haber leído a Dickens, Balzac o  Dostoyevski para ser cervantino. Claro, me enorgullece que digan que soy cervantino, pero no sé muy bien qué quiere decir, aunque más o menos lo intuyo.