Alas al Estado Islámico

M.R.Y. (SPC)
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El asesinato del general iraní Soleimani ha frenado la actividad militar internacional, dejando vía libre a los yihadistas

Alas al Estado Islámico

Se antoja como una contradicción, aunque Donald Trump lo calificó de «coherente». El presidente de Estados Unidos justificó hace unos días el asesinato selectivo del general Qasem Soleimani -el pasado 3 de enero- al considerar al militar iraní «el terrorista número uno del mundo». Sin embargo, la muerte de Soleimani ha elevado la tensión entre Washington y Teherán, que podría extenderse a otros países, lo que podría provocar es el resurgir del Estado Islámico (EI). Un grupo que parecía abocado a su desaparición en Oriente Próximo y que, gracias a la suspensión de las operaciones de la coalición internacional liderada por EEUU en la región, tendría una oportunidad de regresar con fuerza y más violencia.
Los Gobiernos norteamericano y persa están centrando ahora sus esfuerzos en la crisis bilateral que protagonizan, que comenzó casi con la llegada de Trump a la Casa Blanca y que se ha visto agravada tras el ataque mortal contra Soleimani, que fue respondido con una ofensiva con misiles de la república islámica sobre objetivos estadounidenses en Irak. Un enfrentamiento que ha dejado de lado la lucha contra los yihadistas y ha abierto una vía para que el EI pueda resurgir de sus cenizas.
Principalmente, por dos razones. Una, porque, a pesar de que Trump considerase a Soleimani un «terrorista», este era uno de los grandes estrategas en la batalla contra los extremistas en la región, por lo que Irán -y, por añadido, todo Oriente Próximo- ha perdido a uno de sus cerebros en seguridad -los radicales celebraron por todo lo alto la muerte del comandante-. Por otra, porque está en juego la presencia de las tropas estadounidenses y de otros países en la zona, como en el caso de Irak, donde las fuerzas internacionales han suspendido la misión de la coalición antiyihadista: el Parlamento de Bagdad redujo el pasado día 6 las labores de los militares extranjeros a trabajos de entrenamiento y asesoría, prohibiendo sus movimientos por tierra y aire y la alianza puso tres días después «en pausa» sus operaciones en el país.
Es precisamente la nación iraquí donde el germen del Estado Islámico puede volver a florecer. Derrotado en 2017 y expulsado del territorio, el grupo sobrevive como una organización clandestina en el desierto y, sin duda, aprovechará la ausencia de vigilancia para tratar de reconstruirse.
El EI registra una situación similar en Siria, donde el año pasado se liberó el último reducto de manos yihadistas. Pese al conflicto interno que se vive en la nación, la resurrección y expansión de los extremistas en el norte, en la frontera con Irak, podría revivir un pasado de califato, tiranía y terror.

Sin retirada de momento 

Esta semana, Irán ha llamado a sus vecinos a la unidad para exigir al Pentágono que retire sus tropas de la región. Casi todos los países del Golfo Pérsico acogen a militares estadounidenses y, por tanto, podrían ser objetivo de ataques de Teherán, como ya lo fue Bagdad hace unos días. 
El presidente persa, Hasan Rohani, recordó a la comunidad árabe que la «interferencia» estadounidense en los asuntos de los países de la región «revela claramente que nunca han estado preocupados por los intereses de las naciones regionales, y no lo estarán en el futuro». Trump, por su lado, insistió en que no habrá, al menos por el momento, un repliegue de sus tropas en la zona.
Pero, más allá de eso, los yihadistas ya han empezado a aprovecharse de la situación de confrontación y las células que aún operan en algunos puntos del oeste de Irak han llevado a cabo numerosas incursiones nocturnas y ofensivas con artefactos explosivos. Incluso, han intentado conquistar algunos pueblos de la provincia de Diyala, causando víctimas en las filas de las Fuerzas de Seguridad locales. También en la provincia siria de Deir al Zur, fronteriza con Irak, ha habido diversos enfrentamientos entre milicianos y soldados.
La amenaza es tal que el rey Abdalá de Jordania avisó el pasado lunes sobre el «reestablecimiento y ascenso» del Estado Islámico en partes de Siria e Irak y pidió que «prevalezca el sentido común» para hacer frente a los radicales. «Tenemos que hacer frente al resurgimiento de Estado Islámico, que va a crear un problema para Bagdad, y tenemos que estar allí y ayudar a los iraquíes con esta amenaza, que es una amenaza para todos», aseveró, recalmando que la discusión «sea puesta en la buena dirección» para derrotar a los yihadistas. «Cualquier inestabilidad en nuestra parte del mundo afecta a Europa y al resto del planeta», sostuvo el monarca.
Y es que, si el EI es el gran beneficiado del enfrentamiento entre Washington y Teherán, el gran perdedor podría ser una comunidad internacional que preveía que los yihadistas estaban prácticamente condenados a desaparecer y ahora vuelven a tener su espacio.