Del estrellato al abandono

Agencias-SPC
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Los 33 mineros que quedaron atrapados hace 10 años en el yacimiento de San José durante 69 días luchan contra los fantasmas de un suceso que les llevó a caer en desgracia

Del estrellato al abandono

Algunos sienten que fue ayer y otros que ha pasado una eternidad, pero ninguno ha vuelto a ser el mismo desde entonces. Diez años después de pasar 69 días en las entrañas de la tierra, los 33 de Atacama luchan contra los fantasmas de la mina y la rabia de saberse desamparados y olvidados.
A las 14,30 horas del 5 de agosto de 2010 el viejo yacimiento de oro y cobre de San José, en el desértico norte de Chile, se vino abajo taponando la única vía de entrada y salida y atrapando a 700 metros bajo tierra a 33 hombres de entre 19 y 63 años.
«Se sintió una onda expansiva, casi se me saltan los ojos. Pensé que era una tronadura», recuerda Omar Reygadas, que entonces se encontraba en la parte más profunda de la galería. «Se sabía que esto podía ocurrir, la mina crujía constantemente, no paraba de avisarnos, pero a los patronos solo les interesaba la producción», lamenta Jorge Galleguillos, otro superviviente del llamado Matadero San José.
Tras 17 días de angustia, sin contacto con el exterior y comiendo media galleta y dos cucharadas de atún en conserva cada 48 horas, una sonda «milagrosa» atravesó la cavidad donde se encontraban los mineros, en plena oscuridad y a más de 30 grados de temperatura.
El tubo volvió a la superficie con un trozo de papel atado, con el escueto mensaje en tinta roja Estamos bien en el refugio los 33, y Chile suspiró aliviado.
un planeta en vilo. Fue entonces cuando arrancó un plan contrarreloj para ensanchar el hueco de solo 20 centímetros por donde bajó la sonda, que culminó el 13 de octubre con un faraónico rescate, seguido por más de 1.000 millones de personas por internet, que contó con la colaboración de la NASA y despertó el orgullo de todo un país.
Los mineros se convirtieron en una suerte de héroes nacionales por su resiliencia y su trabajo en equipo. Recorrieron platós de televisión y viajaron por todo el mundo. Hollywood, Israel, España, el Reino Unido... Fueron recibidos por el Papa e, incluso, el actor Antonio Banderas protagonizó una película con su historia de presupuesto millonario.
Hoy, una década después, la realidad de estos hombres es completamente distinta: casi no se hablan entre ellos y la mayoría sobrevive gracias a una pensión estatal que empezó siendo de 315.000 pesos -unos 340 euros- y que ahora ronda los 400.000, cerca de 430 euros, la mitad de lo que cobraban en el yacimiento.
A Jimmy Sánchez, que con 29 años es el más joven del grupo, aún le tiembla la voz cuando habla de lo que ocurrió. Dice que apenas se acuerda de lo que vivió después de ser rescatado porque iba muy «empastillado» y que el «golpe» le vino un tiempo después. «A los 25 años me empecé a dar cuenta de todo lo que pasó. Me afectó mucho. Estuve mal, me cortaba los brazos para poder desahogarme», afirma.
En Copaipó, la localidad a 45 kilómetros de la mina de donde son la mayoría de los 33, el joven cuenta que lleva 10 años sin trabajo formal y que tiene que seguir viviendo en casa de sus padres con su esposa y sus dos hijos porque no le alcanza para una renta. «Mucha gente ganó plata con nuestro sufrimiento y eso duele. No fue culpa nuestra quedarnos encerrados y tenemos que conformarnos con una miseria de pensión», denuncia.
Claudio Yáñez, de 44 años y también con apuros económicos, está convencido de que no le han ofrecido trabajo desde entonces por miedo a que denuncie las malas condiciones de seguridad de las minas de Chile, el primer productor de cobre del mundo.
«Nosotros no fuimos héroes, fuimos víctimas», reivindica. Y, 10 años después, siguen siendo víctimas, ya no de un hundimiento, sino del olvido y la falta de oportunidades por su propia tragedia.