El virus reduce a cinco los días con mala calidad del aire

M.O
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Ecologistas en Acción analiza la presencia de ozono, contaminante al que atribuye 24 muertes directas en la provincia en una década

La pandemia bajó un 67% los días con mala calidad del aire - Foto: Rubén Serrallé

La acción humana está detrás de la generación de uno de los contaminantes más nocivos del espectro de la llamada polución. Es el ozono malo, un factor con relación directa con el empeoramiento del medio ambiente y con la salud pública. A este contaminante tan presente como invisible en el aire que respiramos dedica su último informe Ecologistas en Acción, con una comparación de las mediciones de ozono este año 2020 tan particular, y la media de las mediciones de años anteriores. 
El resultado para Albacete capital es sorprendente, ya que ahora hay un 67% menos de concentración de ozono respecto a los promedios de entre 2012 y 2019, un 67% menos de días con mala calidad del aire, apunta el contenido del nuevo estudio de la organización ecologista.
Los datos que recoge el informe dicen que en las mediciones de la ciudad más poblada de Castilla-La Mancha el ozono ha superado cinco días las concentraciones de 120 microgramos por metro cúbico; la normativa señala un máximo de 25 días. En cuanto a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, con una exigencia mayor, Albacete habría superado en 31 días los valores máximos recomendados, 100 microgramos por metro cúbico. En ningún día se alcanzaron los umbrales de alerta.
Sobre esta reducción de la presencia del ozono troposférico tiene que ver con la emergencia sanitaria del coronavirus, aunque hay territorios donde las mediciones dan cifras más altas en algunas estaciones medidoras de grandes ciudades, pero tiene su explicación, porque también ha habido menos presencia de otros gases contaminantes que destruyen el ozono. 
En sus conclusiones, el informe explica que en un año como 2020, «muy cálido, con elevadas temperaturas estivales y al menos dos olas de calor, la inestabilidad atmosférica de la primavera y el inicio del verano no pueden explicar una caída tan significativa y general de la contaminación por ozono». 
Esta bajada «debe ponerse en relación con la drástica disminución de las emisiones de sus principales precursores en la industria y, sobre todo, en el transporte, resultado de las medidas de confinamiento social y de restricción de la actividad económica adoptadas por las autoridades para combatir la Covid-19 y evitar un eventual colapso del sistema de salud». 
UNA DEMOSTRACIÓN. La crisis sanitaria «demuestra que la reducción estructural del transporte y la descarbonización de la industria y la edificación son las mejores herramientas para mejorar la calidad del aire que respiramos, en las ciudades y en las zonas rurales, también en el caso del ozono». 
Y es que este contaminante tiene relación directa con el tráfico urbano y las instalaciones industriales, junto a la contaminación rural propiciada por el uso de fertilizantes químicos, la quema al aire libre de residuos agrícolas y la ganadería industrial. Ecologistas en Acción, pese a la mejora, da un nuevo tirón de orejas a los gestores de las administraciones públicas, pues considera que hay argumentos de sobra para elevar los estándares de calidad del aire en aras de proteger la salud de los ciudadanos y el medio ambiente.  «La contaminación por ozono debe abordarse como un problema sanitario de primer orden», explicaba la organización ecologista, que cita datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, en relación a que el ozono causa cada año entre 1.500 y 1.800 muertes en el España. Las personas más afectadas «son niñas y niños, personas mayores, mujeres embarazadas y quienes padecen enfermedades cardiorrespiratorias crónicas». En el informe no hay datos de la provincia albacetense en cuanto a mortalidad asociada a la exposición agua al ozono por causas respiratorias y cardiovasculares, pero sí aparece un dato de mortalidad general: Se atribuyen 24 muertes en la provincia en una década a la exposición agua al ozono.