Elena Serrallé


Doscientos días

30/09/2020

Se cumplen doscientos días desde aquel tibio catorce de marzo en que se declaró el estado de alarma por esta maldita crisis sanitaria y, aunque esa declaración se alzó con el comienzo del verano, la sensación de «alarma» sigue aferrada a nuestra piel. 
Ya son doscientos días de eclipse, porque así me siento yo, con la misma extrañeza con la que vivo esos caprichosos momentos cósmicos en que la luna se coloca delante del sol y una sombra siniestra nubla durante apenas unos minutos nuestra existencia. Me siento pequeña, vulnerable, expuesta, desprotegida. Incómoda. Me genera ansiedad, deseo que pase rápido.
Doscientos días de miedo, a veces de auténtico terror, de convivencia con una incertidumbre que nos empuja a caminar al borde del precipicio o nos cuelga de un trapecio sin red. Doscientos son ya los días que soportamos la losa de este reto que ha difuminado nuestras sonrisas que, aunque permanecen, no podemos verlas. Condenados a vivir encorsetados.
Doscientos son muchos días. Demasiados días son los que despertamos con la ilusa esperanza de que todo haya sido un mal sueño y echando de menos la vida sin Covid. Cuántos abrazos prohibidos, cuántos besos mutilados, cuántas caricias abandonadas, cuántos brindis censurados, cuántas celebraciones dinamitadas, cuántas despedidas abortadas, cuántas persianas bajadas... el balance es tremendamente desolador.
No sé si esta experiencia nos hará mejores, tengo serias dudas, lo que sí sé es que ya nos ha cambiado. Algunas somos más fuertes.