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Editorial

Situación crítica por sequía

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Los fenómenos extremos relacionados con el tiempo, el clima y el agua son cada vez más frecuentes e intensos en muchas partes del mundo. España no es una excepción. En un verano en el que se han encadenado olas de calor, la sequía que se padece en gran parte del territorio no es algo que haya pasado de un día para otro. Es producto de unas, cuanto menos, cuestionables políticas para preservar y promover acciones encaminadas a la conservación y cuidado del agua.

La ciudadanía está más expuesta que nunca a peligros múltiples, cada vez más agudos, a causa del crecimiento demográfico, la urbanización y la degradación del medio ambiente. Así lo indica la ONU. El aumento de las temperaturas globales incrementará, aún más, la frecuencia y la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos. Más de 300 millones de europeos están afectados por el riesgo de sequía este verano. Estos fenómenos meteorológicos no son el futuro. Están sucediendo ya. Y ese impacto, junto al causado por la COVID-19, y ahora la evolución de los precios, alcanza dimensiones económicas y sociales de envergadura.

Las reservas de los pantanos están en sus cifras más bajas en casi 30 años. España se seca en territorios donde era inimaginable hablar de problemas de abastecimiento y golpea, de nuevo, a sectores como el agrícola y el ganadero. Organizaciones como Asaja calculan que las pérdidas ocasionadas por la sequía pueden alcanzar los 8.000 millones de euros y ponen al sector primario español ante una situación crítica, al verse mermadas las principales producciones agrícolas, con la amenaza, además, de las posibles restricciones que puedan sufrir los casi cuatro millones de hectáreas que hay de regadío en nuestro país.

El agua se convierte en una cuestión de Estado y es el Ejecutivo central el que debe mover ficha en forma de un gran pacto para acotar esta delicada situación, que afecta a todas las regiones. ¿Serán capaces de ponerse de acuerdo? El guirigay montado en torno al decreto de ahorro energético no hace pensar que vaya a ser así. Hace falta altura de miras. Y todo eso a nueve meses de las elecciones municipales y regionales en buena parte de España… Pero, además, se deben acompañar esas decisiones con dinero e infraestructuras para hacer frente a futuras sequías. Se ha de actuar cuanto antes. El agua es, cada vez, un recurso más escaso y eso obliga a extremar su gestión, con el ahorro y, especialmente, la optimización de su uso, como principales banderas.